EL RÍO Y EL MAR

En la segunda estrofa del tercero de sus Four Quartets, “The Dry Salvages”, T. S. Eliot establece una distinción tópica entre el río y el mar:

The river is within us, the sea is all about us

En efecto, el río es el emblema de una corriente que se funde con la propia consciencia, una frontera u obstáculo interior que es preciso franquear y sobre el que siempre hay que trazar puentes que unan sus orillas:

Then only a problem confronting the builder of bridges.

había advertido Eliot unos versos más arriba.

El mar, en cambio, es un reino que nos rodea y nos abarca tan amplia y generosamente como hace el horizonte con todas las miradas.Eliot distingue entre estos dos topoi que a su vez son las dos necesarias referencias del yo: una, que apunta a lo que está dentro, a la intimidad caprichosa y a lo frágil de uno mismo (porque todos los ríos corren peligro de secarse); y la otra, al afuera, a lo lejano y a lo ajeno.

El río es perecedero y el mar es lo que está allí, alrededor de nosotros, lo que ha estado allí y siempre estará allí.El río tiene un nacimiento y afluentes y por fuerza corre hacia su desembocadura que desciende sobre el mar. Así pues, es como la vida –gastada metáfora– y el mar, una de las muchas especies de la muerte y el destino.

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