EL TIEMPO (II)

El ser solo existe frente al no-ser. El pensar produce el no-ser como una baba, un corte, una suspensión del eterno fluir. La baba es la filosofía, la historia, la literatura, el arte, el rastro espiritual que los seres humanos dejamos detrás. Los animales siempre son, no pueden no-ser, solo tienen naturaleza.

Pensar es darse cuenta, y darse cuenta es dejar de ser; pero en este punto deberíamos hacernos la primera pregunta: ¿dejar de ser qué? O de otra manera: ¿qué es el ser? El ser es aquello que no puede ser pensado del todo, aquello de lo que nos damos cuenta, pero que al intentar cazarlo creamos el no-ser.

El ser no es nuestro, el no-ser sí. Hacer nuestro significa, como Prometeo con el fuego, robárselo al ser.

En el acto de convertir el ser en no-ser aparece el tiempo. El tiempo es simplemente eso; la consciencia, el recuerdo, la memoria de una separación. En el ser no hay tiempo.

La ciencia considera que ser y tiempo son lo mismo. El tiempo de la ciencia se ha convertido en la terrible nada desespiritualizada que nos engulle. En el método científico no hay quien realice un corte al ser y produzca no-ser. No hay pensamiento de lo singular sino solo de lo universal. El punto de vista es absoluto como si el ser se contemplara a sí mismo. La ciencia considera que lo que pensamos es. No hay robo sino experimentación y el tiempo es el tiempo exacto de las máquinas.

El arte convierte el no-ser del pensamiento en el único ser que realmente conocemos. En las obras de arte el pensamiento del espectador no produce un corte en el ser, sino que nos presenta no-ser: baba de artista. El tiempo impone su regla en la contemplación, en el tiempo interno de la obra y en la capacidad de relación del espectador con sus propias experiencias

Este ser es el único accesible al ser humano, el otro le es completamente desconocido. Sin arte el ser humano sería un animal enjaulado en su mente.

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