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Texts de l'Era de la Perla

Cine fòrum. Significant mirades

Ponyo en el acantilado, de  Hayao Miyazaqui

IVETTE ROCHE ANDREU

Ponyo en el acantilado, de Hayao Miyazaqui

Queridas:

Bienvenidas al ciclo de cine de Duoda. Estoy muy feliz de volver a estar aquí un año más, celebrando y compartiendo el femenino libre que nos traen también las películas a nuestras vidas y doy gracias por este espacio, regalo de Duoda, y a las mujeres que lo sostienen.

Desearía primero de todo disculparme porque la película que presento hoy vuelve a estar dirigida por un hombre. El año pasado deseé traer y vimos Kill Bill de Quentin Tarantino, día del que tengo un grato recuerdo, y hace dos años compartí con vosotras el tesoro que es para mí la película de Sofía Coppola, Maria Antonieta; y aunque sabemos que una directora mujer no es garantía de una película en la que se halle simbólico femenino libre y también sabemos que circula simbólico femenino libre gracias a los hombres, quiero disculparme. El motivo de esta disculpa es que mientras pensaba qué película traer este año al ciclo me di cuenta que no había visto estos años casi películas dirigidas por mujeres y me preocupé, me di cuenta que para ver cine de mujeres hacía falta un empeño que yo no había puesto. Ya que no son las que más se estrenan, ni más se pasan por la televisión, ni más te recomiendan las revistas. Espero el año que viene haber sorteado este escollo con el que he querido empezar y os animo a hacer lo mismo. Vamos a lo de hoy.

Hoy os traigo una de las poquitas películas que nos ha regalado Hayao Miyazaqui, fundador con un amigo del estudio Ghibli, que funciona des del 1985, y al que agradezco su trabajo con películas muy bellas y con mucho femenino libre. Miyazaqui empezó dibujando para otros, películas y series como Heidi, que hemos visto casi todas. En esas en las que aún no dirigía ya puede notarse una delicadeza en el gesto y en el detalle que también vemos en las obras ya dirigidas por él. Pero es en estas últimas décadas, gracias al abrazo y al cobijo del estudio Ghibli, en las que nos llega su obra más original y política y como sucede de tanto en tanto con los hombres, ésta tiene mucho de femenino libre.

A mi me llegó su obra gracias al amor y al cuidado de un hombre también, el padre de mis hijas, que también ama el cine. El buscó historias buenas para verlas y así llegaron las películas del estudio Ghibli a casa. Totoro, bautizada por mi hija de dos años como “las nenas” fue vista en casa decenas de veces, descubriendo detalles que la hacían cada vez más preciada. Gracias al empeño de su padre por buscar historias respetuosas y el deseo de mi hija de verlas, la infancia de esta ha estado poblada de grandes historias y grandes mujeres y niñas que las protagonizan, . Y eso me pone hoy en este lugar, de deuda con ese estudio, este señor y su legado.

Deseo ver con vosotras una de las últimas que hizo, Ponyo en el acantilado, dedicada a las más pequeñas y a los más pequeños de la casa. Una versión libre de La Sirenita, en la que Miyazaqui reduce la edad de los protagonista, da relevancia a las madres de estos y aunque sitúa a los personajes en un lugar cercano a nosotros en el tiempo: hay coches, se hace la compra, hay guarderías, barcos, carreteras, … hay también fábula y magia: hay una diosa del mar, hay una naturaleza mágica, en la que las abuelas que no podían andar corren y el mundo no tan dado, tan hecho y punto. Ponyo es una fábula preciosa sobre una niña pez cuyo deseo grande de estar con su amigo y el deseo de este de estar junto a ella, da la vuelta a las cosas y pone el mundo entero al borde del caos y con necesidad de mediación.

Hay muchas escenas preciosas en la película pero yo os voy a hablar de tres. Sobretodo porque espero que luego ya la veréis entera.

Empezaré por mi escena preferida de Ponyo que es la escena del teléfono, pues me hace pensar en mi misma y reírme. En ella el papa de Sousseke llama a casa para decir que no viene a cenar y la mama de Soussuke, que esperaba cenar con él se enfada muchísimo. Las imágenes son preciosas. Es una mirada preciosa a una mujer que se enfada. Se puede ver como ella le grita al teléfono le cuelga, va hasta la nevera y con bastante más energía de la necesaria, se coge una cerveza. Dolida le dice a Sousuke : cenaremos fuera! Pasado este enfado que es el que me hace sonreír, pues me siento retratada en él, Lisa, la madre, respira, se recoloca y dice “bueno, nos comeremos la ración de tu padre entre los dos”. Su cuerpo cambia, cambia su tono, la respiración, la mirada, y ella, tras permitirse el enfado, encuentra un nuevo camino para el amor. Me siento muy bien con esa escena que se da en mi vida tan frecuentemente, cuando las emociones se imponen y si una se escucha, se lo permite, ese enfado puede ser la presencia, el camino, para llegar a otro lugar. Incluyendo el movimiento de echar mano a una cerveza muy malhumorada y casi hacer giratoria la puerta de la nevera: Vas a dejar a tu hijo y a su madre en lo alto de una montaña!!!!

Hay otra cosa que me encanta de esta película y es que la guardería y la residencia de ancianos están tocándose. Parece un detalle de lo más nimio, pero no. No hay más que un seto entre los dos edificios. Me resulta muy político que los más pequeños estén al lado de las más ancianas. Y que a estas lleguen las risas y los lloros de los pequeños, y a estos las risas y las quejas de las ancianas. La historia hace que Lisa, la mama de Soussuke, trabaje en la residencia, con lo que éste conoce y es conocido por las abuelas de la residencia y comparten momentos y conversaciones. Ese detalle me parece grandioso. En estos últimos años mi abuela estuvo en una residencia, y allá nunca había más niñas que las mías. A la gente no les gusta mezclar niños y gente mayor, he oído decir “ahí solo hay virus” “es muy triste” “cómo es que las llevas?”. Para mi era político dejarme acompañar de mis hijas a la residencia, que vieran a su bisabuela y recuerdo con orgullo como mi hija mayor en el jardín de la institución cogía hierbas aromáticas y se las acercaba a mi abuela para que las oliera. Esas experiencias enriquecieron a ambas y a mi misma. En Ponyo van más allá y directamente una institución está al lado de la otra. Hace unos días vi en mi barrio en un huerto urbano, una placa decía que se hacían cargo de él los ancianos de la residencia y los y las jóvenes del centro residencial del barrio. Me pareció un buen comienzo.


Por último os hablo de una escena épica, que tengo grabada en la retina, sucede casi al final, en ella las madres de los dos niños, Lisa, la mama de Soussuke, y la mama de Ponyo, diosa del mar, se separan del resto y se reúnen para encontrar la manera, para encontrar una solución. Un final grande, las dos madres contratando, mediando en el deseo de los hijos. Es una escena bellísima, la de esas dos mujeres tan diferentes acercándose, debajo de una como sombrilla medusa marina preciosa que les hace sombra. No hay buenos ni malos, solo un conflicto que puede llegar a la guerra y que pide mediación, y esa mediación se encarna y se embellece. En las películas de este señor se embellece el cuidado y la mediación cerca del conflicto, se resalta. Pues además de la épica, de la historia, está la belleza con la que trata los detalles, el cotidiano, los colores: la sombrilla medusa que acoge a las madres como os contaba, los tiernos detalles de la casa, la vela que pasea Ponyo y que le ilumina el rostro, el cubo colgado en la valla, los puerros que sobresalen de la bolsa, o el movimiento de las acelgas cuando las echa a la olla. La sopa caliente, la textura de la toalla en la que envuelve a la niña, las olas, los dibujos a lápiz, la ternura de los movimientos, las abuelas y sus gestos, la música …. Todo ello hace que el cuerpo esté presente todo el tiempo, el de los personajes y el nuestro. Porque hablar de conflicto, y de cuidado, es hablar de cuerpos.

Yo me siento en deuda con él y con Ponyo, también con su princesa Mononoke, con las hermanas Soussuke y Mei, con la valiente Chihiro, o con Nausica la princesa del viento,… y deseo que las veáis en casa y se las pongáis a vuestros hijas e hijos, nietos, nietas, y que haya más.

Gracias por haber venido hoy y hacerme confianza, espero que os guste la pequeña Ponyo y su historia.

Ivette
Marzo 2015

Universitat de Barcelona
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