EL TRABAJO COMO DISTRACCIÓN

Max Weber escribió hace dos siglos un conocido libro en el que mostraba cómo convergen el capitalismo y la moral protestante para persuadirnos de lo que de “razonable” tenía la pregnancia de tal sistema económico en las sociedades protestantes. Pero en verdad, más idóneo y definitivo que el protestantismo ha sido la llamada muerte de Dios. En un mundo donde los individuos ya no confiamos en disponer de otra vida, nos invade la sensación de tener muy poco tiempo: víctimas de esta premura apenas nos paramos a pensar y con las prisas lo primero que se nos ocurre es que la manera más evidente e indiscutible de “hacer algo” es trabajar. Intentar imaginar qué otra cosa podría “hacerse” es ya perder el tiempo. Y por otra parte el trabajo es, además de algo necesario para subsistir, una manera estupenda para distraerse de la fastidiosa muerte de Dios.

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