Repasar la historia anterior a su creación nos ha desvelado que el primer actuario que ejerció en España era belga, que las primeras tablas de mortalidad podían ser extranjeras, que las reglas actuariales figuran por vez primera en 1900 en un Real Decreto sobre leyes del trabajo, o que un proyecto de ley de pensiones de 1927 incluía cálculos de actuarios del Instituto de Actuarios de Francia.
En 1908 se aprobaron la creación del Instituto Nacional de Previsión y la primera ley de ordenación del seguro, que demostraron la necesidad de crear e impulsar en España una “Corporación Nacional de Actuarios”.
En 1915 se aprobó el primer plan de estudios de la profesión, y en 1942 se aprobaron los Estatutos del Consejo Superior de Colegios Oficiales de Titulares Mercantiles de España, encomendándose la organización del Instituto de Actuarios de Seguros, del que formarían parte quienes poseyeran “el título de Actuario otorgado por el Estado”, que era lo que les cualificaba para el acceso al colegio profesional y al ejercicio profesional.
La profesión, hoy, ha innovado y evolucionado como nunca, y cuenta con un gran futuro gracias a su colegio profesional y a sus profesionales, por cuanto suponen con su responsabilidad una garantía para toda la cadena aseguradora y previsional. Somos una profesión considerada, valorada, reconocida y relevante por sus aportaciones a las normas de convivencia y bienestar que nos hemos otorgado como sociedad. La profesión goza de buena salud y máxima determinación para seguir aportando valor a nuestra sociedad.
Autores
- Gregorio Gil de Rozas, miembro de la Junta de Gobierno del Instituto de Actuarios Españoles (IAE)
- Javier Olaechea, director general del IAE