Estados Unidos

La imparable progresión de la lectura digital

José Antonio Cordón García
Universidad de Salamanca
http://diarium.usal.es/jcordon/


How do we read?: let's count the ways: comparing digital, audio, and print-only readers (2020). Washington, D.C.: National Endowment for the Arts. 62 p. Disponible en: <https://www.arts.gov/sites/default/files/How%20Do%20We%20Read%20report%202020.pdf>. [Consulta: 11/11/2020].


Los informes sobre las prácticas de lectura se vienen prodigando durante los últimos años debido, fundamentalmente, a las transformaciones introducidas por la irrupción de nuevos dispositivos y modelos de acceso a los contenidos. La contraposición con el referente impreso, esto es, con una tradición de siglos, ha ejercido su magnetismo en especialistas de todas las áreas que han vertido sus opiniones sobre la naturaleza y consecuencias del cambio, unas veces fundamentadas, otras meras especulaciones (Cordón García, 2018). Estos análisis se han incrementado cuando han surgido nuevos formatos y formas de acceso digitales, como es el caso de los audiolibros, o bien cuando alguna circunstancia ha alterado el normal funcionamiento de la cadena del libro, como ha ocurrido con la pandemia de la COVID-19, que obligó al cierre de librerías y bibliotecas en todo el mundo, multiplicando exponencialmente el recurso a la lectura digital (Wischenbart, 2020; FGEE, 2020; Cordón, Muñoz, 2020). 

La National Endowment for the Arts es una agencia independiente fundada en 1965 en los Estados Unidos cuyos fines son el desarrollo de las artes y las humanidades entre la población americana. Desarrolla actividades de todo tipo relacionadas con estos fines, entre otras, la elaboración de informes de investigación sobre temas muy diversos (tales como Arts strategies for addressing the opioid crisis: examining the evidence (2020); The effects of ticket pricing on arts attendance patterns: an economics literature review (2000-2018) (2020); Artists and other cultural workers: a statistical portrait (2019), etc.).

El informe How do we read?: let's count the ways utiliza datos de la encuesta desarrollada para el análisis de participación en las actividades artísticas (entre las que se incluye la lectura) del año 2017 (The 2017 survey of public participation in the arts, SPPA), comparando los hábitos de lectura impresa, digital y de audiolibros. Este informe es el cuarto de la serie que desarrolla la institución que, previamente, publicó: Reading at risk (2004), To read or not to read (2007), y Reading on the rise (2009).

Aunque el último informe se publica en 2020, los datos dibujan el panorama de tres años atrás, y en la población estadounidense mayor de 18 años exclusivamente. Esto limita el alcance de los resultados y de las conclusiones, pues ni el contexto, ni las infraestructuras, ni los programas existentes permiten la extrapolación de los datos a otros países más que muy parcialmente, pues las tradiciones y el momento tecnológico difieren considerablemente, como se puede apreciar en el caso de los audiolibros, o en el de la lectura digital. Y, además, deja fuera a un sector demográfico muy importante desde el punto de vista de la lectura como es el de la población infantil y adolescente, cuando los estudios muestran que constituyen un segmento imprescindible para analizar adecuadamente la lectura digital. Por ejemplo, el estudio desarrollado por YouGov (2018), muestra que los niños pequeños, de 8 a 11 años, tienen altas tasas de uso de tabletas (74 %), y que más de la mitad de los jóvenes de 12 a 14 años (67 %) y de 15 a 17 (52 %) dice que usan con frecuencia una tableta como un iPad, Amazon Fire, para diversas actividades, en las que la lectura ocupa el tercer lugar.

A pesar de estas limitaciones, el informe reviste una gran utilidad pues rastrea no solo los patrones de lectura más de una década después del informe anterior, sino también la participación en actividades relacionadas con la misma y, sobre todo, en un contexto en el que la lectura digital ya no es una realidad emergente, como lo podía ser en el año 2008, sino un fenómeno consolidado.

Resultados globales

Según el estudio, más de la mitad de los adultos estadounidenses (55 %) practicó algunas de las formas de lectura de libros en 2017, ya fuera a través de medios impresos, digitales o escuchando audiolibros.1 En España, para esas mismas fechas, los porcentajes se elevan al 67,7 % y en Canadá al 82 %. De todos modos, las grandes diferencias estadísticas se producen, sobre todo, porque la unidad temporal elegida para la encuesta difiere en unos casos y en otros. En EE. UU. y Canadá se calcula sobre la lectura de al menos un libro en el último año, y en España sobre la lectura en los últimos tres meses. La tasa de lectura de libros se ha mantenido más o menos estable en los Estados Unidos durante la última década, pues en 2008 era del 54,3 %, en 2012 del 54,6 % y en 2017 del 55,5 %, una progresión bastante más lenta que en España, por ejemplo, que subió más de 7 puntos en ese mismo periodo (Hábitos de lectura, 2018). Sin embargo, si nos retrotraemos hasta el año 1992, la tasa de lectura de libros ha caído en EE. UU. una media de 10 puntos, sobre todo en el sector de adultos de los 18 a los 34 años.

La media de libros leídos cambia considerablemente según los formatos, pues los lectores de libros impresos en exclusiva consumen una media de cuatro libros al año, mientras que los de audiolibros escuchan unos cinco libros y los que emplean los libros electrónicos, unos seis. Estos datos no son excluyentes entre sí, y lo más habitual es el consumo de formatos combinados, sobre todo entre los lectores digitales.

Es muy interesante el dato del consumo de obras por géneros y formatos pues permite conocer las prácticas de lectura de una manera más aquilatada.

Según los datos que figuran en el cuadro precedente, la lectura impresa prevalece sobre la digital y la de audiolibros en todos los géneros excepto en tres: poesía, teatro y novela gráfica, tres géneros con una fuerte presencia en la red, sobre todo desde el punto de vista de la experimentación y de la autoedición que, en los Estados Unidos, ha encontrado un nicho de mercado con cifras espectaculares, tanto en producción como en consumo. Precisamente en el año 2017, la cifra de obras autoeditadas sobrepasó el millón de títulos en EE. UU., según el informe publicado por Bowker (2018). Hay que tener en cuenta que estas cifras aportadas por Bowker, seguramente se hayan calculado a la baja, pues cuando se autoedita en formato digital, el número ISBN no es obligatorio, ya sea en los Estados Unidos o en cualquier otro lugar. Y además, gran parte de las obras publicadas bajo este sistema en dicho país lo han hecho en Kindle Direct Publishing, de Amazon, cuyos datos no son recogidos por Bowker al emplear el código de Amazon ASIN. Según el informe publicado por la Association of American Publishers (AAP), para el año 2017, las razones de la caída en las ventas de libros electrónicos en ese año podrían estar en el fuerte ascenso de las obras autoeditadas.

El resto de los géneros, aunque inferior en tasas de lectura a la que se efectúa en el ámbito analógico, reviste cifras importantes y, en algunos casos, como el de los libros científicos, muy próximas a la rúbrica impresa.

Los datos relativos a los grupos de edad para los diferentes formatos dejan una evidencia incontrovertible, y es la división por edades entre las prácticas de lectura. Como se puede apreciar en el gráfico inferior, la franja de edad de los 18 a los 54 años, con cuatro tramos diferenciados, manifiesta una mayor inclinación por la lectura digital y los audiolibros, y la correspondiente a los tramos comprendidos a partir de los 55 años muestra una preferencia por lo impreso.

El informe finaliza con rúbricas dedicadas al compromiso y la participación en actividades culturales de carácter general, o relacionadas con la lectura (como la pertenencia a clubes donde se reflexiona sobre la misma) por parte de los diferentes tipos de lectores. Se trata de una relación poco fundamentada, excepto la relativa a los clubs de lectura, donde el ámbito digital juega con la ventaja de la virtualización del proceso, y por lo tanto de la mayor facilidad de acceso a los contenidos y discusiones del foro, pues el practicar un modo de lectura u otro no parece que determine un mayor o menor compromiso con la asistencia a espectáculos en vivo, la visita a monumentos a una galería de arte o a un museo.

De cualquier modo, el informe aporta cifras interesantes que sirven para radiografiar el perfil de lectura de una parte de la población americana, con rasgos que necesitarían un mayor detalle, sobre todo para responder al título del estudio How do we read?, cuyo nivel de granularidad es pobre en lo relativo a los géneros, e inexistente en cuanto a los sistemas de acceso a los contenidos, a los dispositivos de lectura, a los sistemas de información sobre las obras elegidas, a los referentes empleados para su selección, etc. Y sobre todo, cuenta con el inconveniente de prescindir de niños y adolescentes para el desarrollo de la encuesta.

Lo que está claro, tanto en este informe como en las decenas de los que se han sucedido en los años sucesivos tanto en EE. UU. como en el resto de los países del mundo, es que los formatos digitales, tanto textuales como de audio, cobran cada vez mayor importancia entre la población, una importancia que se ha visto potenciada durante el año 2020 por el efecto de la pandemia del coronavirus. Pero la cultura impresa sigue revistiendo una fuerza considerable, de tal manera que, como señala Hegland (2020), vivimos en una época de paradojas en la que estamos atrapados entre una tradición textual lineal, en la que el pensamiento y los argumentos que empleamos son secuenciales, y una realidad cada vez más multiconectada, sin haber descubierto todavía cómo acomodar ambas verdades. Los informes de lectura siguen dejando constancia de esta transición, aunque la interpretación de sus resultados cobre sentido únicamente si se efectúa un análisis diacrónico, a través de la evolución de los diferentes parámetros en el tiempo, si se la coteja con otras indagaciones de carácter similar, con objeto de poder comparar los datos de diferentes fuentes, o si se contextualiza geográficamente, enfrentando la realidad de diferentes países con objeto de situarlos en una posición relativa respecto a la incidencia de los hechos analizados.

En todo caso, con respecto a las encuestas sobre lectura, no está de más recordar la experiencia del estudio desarrollado por The Reading Agency sobre los hábitos de lectura de los británicos con ocasión de la World Book Night, en el año 2017. Los resultados fueron sorprendentes, pues el 41 % de los encuestados manifestaron mentir cuando se trataba de confesar lo que leían y cuánto leían. Este porcentaje ascendía al 64 % en el sector de edad de los 18 a los 24 años, en el que una gran parte de sus integrantes declaraba mentir cuando afirmaba haber leído una obra que, en realidad habían visto en el cine. El fenómeno de la posverdad hace tiempo que llegó a la lectura. No hay que olvidar que ya en el año 2007 Pierre Bayard publicó su obra Comment parler des livres que l'on n'a pas lus (Les Éditions de Minuit), en la que defendía que para hablar de un libro era preferible no haberlo leído del todo, o mejor aún, no haberlo abierto nunca.


1 Según el estudio desarrollado para las mismas fechas por Pew Research Center, las cifras de lectores de al menos un libro en los últimos doce meses ascenderían al 74 % que, desglosado, se distribuiría entre un 67 % para los libros impresos, un 29 % para lectores de libros electrónicos, que también leen libros impresos, y un 7 % en exclusiva para libros digitales.


Referencias

Bowker (2018). Self-publishing in the United States: 2012-2017: print vs. ebooks.

Cordón García, José Antonio (2018). «Combates por el libro: inconclusa dialéctica del modelo digital». El profesional de la información, vol. 27, n.º 3, p. 467-481.

Cordón García, José Antonio; Muñoz Rico, María (2020) «J.K. Rowling, la COVID-19 y el mundo de la edición». Anuario ThinkEPI, vol. 14, p. 1-15.

FGEE (Federación de Gremios de Editores de España) (2020). El papel del libro y de la lectura durante el periodo de confinamiento por COVID-19 en España. Madrid: Federación de Gremios de Editores.

Hábitos de lectura y compra de libros (2018). Madrid: Federación de Gremios de Editores de España: Ministerio de Cultura.

Hegland, Frode Alexander (2020). The future of text. [S. l.]: Future Text Publishing.

Wischenbart, Rüdiger (2020). The digital consumer book barometer. Covid-19 special edition. [Frankfurt am Main]: Bookwire.

YouGov (2018). YouGov results. [London]: YouGov.


Nota. Esta reseña se publica simultáneamente con el Blog de l’Escola de Llibreria.

Preparar a los bibliotecarios escolares del futuro: los nuevos estándares de acreditación de la formación en los Estados Unidos

Mònica Baró
Facultat d’Informació i Mitjans Audiovisuals
Universitat de Barcelona (UB)


ALA/AASL/CAEP School librarian preparation standards (2019) (2019). [Chicago, IL: American Association of School Librarians (AASL)]. 76 p. Disponible en: <http://www.ala.org/aasl/sites/ala.org.aasl/files/content/aasleducation/ ALA_AASL_CAEP_School_Librarian_Preparation_Standards_2019_Final.pdf>. [Consulta: 21/04/2020]. 


Los cambios que se producen continuadamente tanto en el mundo de la educación como de las bibliotecas requieren que los bibliotecarios escolares actualicen sus conocimientos y adquieran nuevas competencias y, por ello, se hace necesaria una revisión permanente de la formación básica y/o continuada que estos reciben para desarrollar su tarea. Para asegurar que esta formación es la adecuada, en algunos países de tradición anglosajona las asociaciones profesionales acreditan titulaciones, tanto a nivel de máster como de postgrado, en base a unos estándares que sirven para evaluar los programas de formación, y que se renuevan periódicamente para adaptarlos a las necesidades cambiantes de los entornos. Unos nuevos estándares, pues, establecen unos requerimientos actualizados para aquellos que muy pronto serán bibliotecarios escolares, pero también sirven de indicadores para aquellos profesionales que están en activo y, evidentemente, de guía para que los centros de formación revisen y actualicen, a su vez, los planes de estudio.

Servicios relacionados con los datos de investigación por parte de las bibliotecas universitarias: mucho a ofrecer, mucho por formar

Alexandre López-Borrull
Estudis de Ciències de la Informació i de la Comunicació
Director del grau d'Informació i Documentació
Universitat Oberta de Catalunya (UOC)


Tenopir, Carol; Kaufman, Jordan; Sandusky, Robert; Pollock, Danielle (2019). Research data services in academic libraries: where are we today? [Middletown, CT]: Choice. (A Choice white paper). Disponible en: <https://www.choice360.org/content/2-librarianship/5-whitepaper/tenopir-white-paper-2019/tenopir_121019_rds.pdf>. [Consulta: 01/04/2020].


Choice es una unidad editorial de la Association of College & Research Libraries (ACRL), una división de la American Library Association (ALA). Choice y ACRL ofrecen herramientas de desarrollo profesional de biblioteconomía, dentro de las cuales se incluyen seminarios, podcasts, libros blancos, ensayos bibliográficos y publicaciones digitales, pensados para formar y reforzar las habilidades de los bibliotecarios. En este caso, se trata de un informe liderado por la reconocida profesora Carol Tenopir juntamente con tres profesores más de diversas universidades de los Estados Unidos.

A cada tipología de universidad, su biblioteca

Núria Balagué
Servei de Biblioteques de la Universitat Autònoma de Barcelona
Profesora del Departament de Biblioteconomia, Documentació i Comunicació Audiovisual. Universitat de Barcelona


Malpas, Constance; Schonfeld, Roger; Stein, Rona; Dempsey, Lorcan; Marcum, Deanna (2018).
University futures, library futures: aligning library strategies with institutional directions.
Dublin, OH: OCLC Research. 118 p. ISBN: 978-1-55653-076-0. Disponible en: <https://doi.org/10.25333/WS5K-DD86>. [Consulta 30/12/2019].


El informe University futures, library futures es el fruto de la colaboración entre dos organizaciones con una amplia experiencia en la realización de informes prospectivos. Por una parte, el ámbito de investigación de OCLC, que estudia temas técnicos, tendencias bibliotecarias y necesidades y hábitos de los usuarios y, por otra, Ithaka S + R, muy activa en investigaciones en el ámbito de la educación superior. Con la experiencia de las dos organizaciones para abordar desde una perspectiva sistémica los cambios que se dan en sus respectivos sectores, pusieron en marcha un estudio para identificar cómo los cambios que se están dando en la educación superior se reflejan en los servicios de las bibliotecas académicas y en las percepciones del valor de la biblioteca en el seno de la universidad.

Bibliotecas públicas «engagées» con comunidades inteligentes

Tránsito Ferreras Fernández
Coordinadora de Servicios de Apoyo a la Investigación
Servicio de Bibliotecas. Universidad de Salamanca


Mersand, Shannon; Gasco-Hernandez, Mila; Zhao, Xiaoyi; Gil-Garcia, J. Ramon; Burke, G. Brian; Sutherland, Megan; Figueroa, Miguel (2018). The role of public libraries in engaging citizens in smart, inclusive and connected communities: a current practices report. Albany, NY: CTG UAlbany. 39 p. Disponible a: <https://www.ctg.albany.edu/publications/libraries/>. [Consulta: 30/06/2019].


Comunidad inteligente es un término que se ha comenzado a utilizar recientemente para caracterizar los esfuerzos para transformar las comunidades y hacerlas más sostenibles, eficientes, transparentes y donde la participación ciudadana es la norma. Las tecnologías de la información han sido las facilitadoras de estos cambios potenciales. En las comunidades inteligentes, el papel de las bibliotecas públicas es clave, así como su compromiso («engagement») con la comunidad. A través del estudio de caso de los Estados Unidos, este informe analiza las prácticas actuales en las bibliotecas públicas e identifica la experiencia, el conocimiento y los antecedentes que les ayudan a contribuir, con la participación ciudadana, en iniciativas comunitarias inteligentes. 

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