Una cata inicial y apetitosa de la Barcelona literaria que viene

Teresa Fèrriz Roure
Responsable de Nous Projectes
Universitat Oberta de Catalunya (UOC)


Barcelona Ciudad de la Literatura. Barcelona: Ajuntament de Barcelona, 2017-  . Disponible en: < http://ajuntament.barcelona.cat/ciutatdelaliteratura/es>. [Consulta: 05/06/2018].


En diciembre de 2015, Barcelona entró formalmente dentro de la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO como Ciudad de la Literatura. Integran la red 180 miembros de 72 países que han apostado por singularizarse en alguna de estas siete grandes categorías: la artesanía y las artes populares, el diseño, el cine, la gastronomía, la música, las artes digitales y la literatura. Que Barcelona hay querido ser ciudad literaria no es una elección arbitraria: tiene mucho que ver con ello su historia consolidada de gran capital editorial, pero, sobre todo, una estrategia de posicionamiento de la industria cultural catalana en el contexto global. La ciudad quiere enriquecer su actual proyección internacional con los atributos asociados al libro y a la literatura y, al mismo tiempo, contribuir a reforzar un ecosistema que en la última década ha sufrido un descenso progresivo de las ventas, sacudidas estructurales en el modelo empresarial y, sobre todo, un cambio cultural derivado de las nuevas prácticas de consumo y ocio asociadas a la digitalización, especialmente de las generaciones más jóvenes.

La nominación de la UNESCO llegó en un buen momento: los indicadores apuntan una leve recuperación del mercado lector y percibimos otros elementos esperanzadores, como la consolidación de las editoriales «de editor» (aquellas que nacen de la vocación personal y encuentran su espacio lector gracias a un catálogo muy cuidado, habitualmente de alto vuelo intelectual) o la creación de nuevas librerías por parte de profesionales jóvenes, que vienen a cubrir el vacío dejado por espacios de venta tradicionales que no han sabido adaptarse a los cambios, además de una presencia consolidada del sector del libro en la programación cultural de Barcelona (no solo de los escritores, sino también de otros agentes de la cadena del libro como las editoras, las libreras… ‒en femenino, sí, porque la mayoría de activistas del libro son mujeres).

En este contexto, una de las primeras acciones impulsadas por la Oficina UNESCO Barcelona Ciudad de la Literatura fue la creación de un espacio web para hacer visibles las estrategias y ejes de actuación de la nueva ciudad creativa. Este web, junto con sus perfiles en las redes sociales (Twitter, Facebook e Instagram, en orden de relevancia), hace las funciones de ventana y aparador, además de impulso a nuevos proyectos.

Relacionado con el eje informativo y/o de promoción de Barcelona como ciudad de la literatura, el web se propone:

  • Presentar la Oficina UNESCO y sus responsables y difundir las actividades propias que se incluyen dentro de la programación cultural estable del Ayuntamiento de Barcelona. Es el caso de las becas de escritura Montserrat Roig u otras acciones iniciadas hace años, separadas las unas de las otras, que Barcelona Ciudad de la Literatura ha empezado a gestionar promoviendo sinergias y favoreciendo una mejor redistribución de los recursos en colaboración con otros agentes del tejido educativo, social o comunicativo de la ciudad. La voluntad informativa, en este caso, también coincide con la vocación de servicio de la Oficina, que quiere apoyar el talento creativo con recursos y ayudas de todo tipo.
     
  • Seleccionar las actividades relacionadas con el libro y la literatura propias de la agenda del Ajuntament de Barcelona. Además, propone diariamente la sección «¡No te lo pierdas!».
     
  • Destacar ‒coherentemente con la asociación que viene de lejos entre Barcelona y la gestión de grandes acontecimientos‒ la celebración de Sant Jordi, incluyendo un incipiente archivo histórico sobre las fiestas y acciones relacionadas, como La Noche del Dragón o los Diálogos de Sant Jordi, organizados en colaboración con las Bibliotecas de Barcelona.
     
  • Informar sobre librerías, bibliotecas, editoriales e instituciones relacionadas, publicando directorios con la geolocalización en Google maps.
     
  • Cartografiar literariamente la ciudad desde el apartado «Barcelona y literatura», que se articula, con un enfoque original, alrededor de las acciones relacionadas con la cadena de valor de la obra literaria: desde la generación de la idea hasta la publicación y el diálogo de la obra con otras expresiones artísticas como el cine, la gastronomía o la música. Este espacio incluye muchísima información y muy diversa, como también lo hace el apartado «Libros TV», una extensa recopilación de vídeos organizados por temas. Uno y otro son una cata inicial y apetitosa de un menú que percibimos en construcción.

Vinculado a este ambicioso objetivo de enlazar el espacio físico de la ciudad con la literatura que allí se genera, el lugar web presenta los proyectos más genuinos y singulares que ha impulsado la Oficina desde su creación, especialmente «Literapolis» y «Mapa 10».

«Literapolis» es un juego para teléfonos móviles donde toma protagonismo la geolocalización con una gincana que promueve el descubrimiento del espacio de la ciudad gracias a sus referentes de ficción. «Mapa 10» parte de un formato muy común y compartido por todas las ciudades literarias UNESCO: la elaboración de rutas literarias por todos los distritos de la ciudad, encargadas a profesorado o creadores. Como en las ciudades «hermanas», las referencias a los autores y las obras se complementan con la señalización física para sorprender al paseante o al turista que no ha buscado los autores y las obras proactivamente pero termina por encontrarlos «por casualidad».

Los dos proyectos nacen con el propósito de explorar nuevos formatos y nuevos públicos buscando los límites del descubrimiento de la literatura por parte del no lector. Habrá que seguir con atención las iniciativas de la Oficina en esta línea, dado que la realidad es obstinada y la mayoría de proyectos de difusión literaria, a pesar de los intentos por cambiar esta dinámica, acaban casi siempre siendo consumidos por los colectivos educativos o los lectores ya consolidados.

Estaría bien que el web evolucionara hacia un ecosistema de espacios digitales que no necesariamente han de pivotar alrededor del eje informativo o documental heredado de la estructura del web del Ayuntamiento de Barcelona donde se inserta, con las servidumbres obvias. (El entorno documental, por ejemplo, siempre quedará inacabado porque cuesta mucho mantener nóminas y listas actualizadas de negocios cuando hay compañías que se dedican exclusivamente a esta tarea.)

El entorno digital de Barcelona Ciudad de la Literatura puede influir, desde la centralidad que le otorga el apoyo institucional, en todos los agentes de la cadena del libro, y promover, siempre en colaboración, proyectos digitales innovadores que no eludan el riesgo y sobresalgan en ambición. Para ejercer esta función de nodo central deberá explorar nuevos formatos y lenguajes híbridos, seguir con atención las tendencias digitales y tejer complicidades más allá de nuestro entorno lingüístico y cultural, con vocación global. El potencial es enorme en la Barcelona que apuesta por las tecnologías del conocimiento y el talento creativo y que quiere incorporar nuevos valores a su imagen icónica dentro de las ciudades con mayor proyección internacional del mundo. Seguramente que a Barcelona Ciudad de la Literatura no le costará mucho encontrar muy buena compañía en este viaje.

Nota: Esta entrada se publica simultáneamente en el Blog de l’Escola de Llibreria.

Dicen que el 95 % de los españoles leen

Oriol Izquierdo  
Profesor de la Escola de Llibreria y de la Universitat Ramon Llull


Hábitos de lectura y compra de libros en España 2017: barómetro (2018). [Madrid]: Federación de Gremios de Editores de España. 135 p. Disponible en: <http://federacioneditores.org/img/documentos/HabitosLecturaCompraLibros2.... [Consulta: 25/04/2018].


En una breve introducción titulada «Antecedentes», los responsables del barómetro hacen notar que el estudio de los hábitos de lectura y compra de libros en España se llevó a cabo ininterrumpidamente, por acuerdo entre el Ministerio de Cultura español y la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), entre el año 2000 y el 2012. Después, la evolución social de la lectura solo se ha podido seguir a partir de la encuesta sobre hábitos culturales que llevó a cabo el Ministerio el curso 2014-2015. Ahora, inquieta por la incidencia de la transformación tecnológica, es la FGEE que decide retomar por su cuenta el estudio.

Y lo hace ofreciendo algunas consideraciones conceptuales relevantes. Como por ejemplo que no tendrán en cuenta solo la lectura «voluntaria», es decir la propia de las prácticas de ocio, como en los estudios precedentes, sino también la lectura «obligatoria», ya sea por razón de estudios o por necesidades laborales. Sorprende que esta lectura forzosa, que me aventuro a suponer que, digan lo que digan las cifras, ha sido siempre más frecuente que la libre, y que la ha condicionado y la condiciona, haya podido quedar por lo que se refiere a la evaluación estadística en la sombra hasta ahora.

Pero más sorprendente resulta la primera consideración conceptual, que propone definir la lectura como «un proceso mediante el cual se traducen determinados símbolos para su entendimiento». Cabe suponer, interpreto, que los responsables del barómetro han procurado encontrar una definición lo bastante abierta para que no periclite, sobre todo en pleno proceso de transformación del libro a causa de las revoluciones tecnológicas que difuminan todas las certidumbres. Pero quizás han acabado por disiparla demasiado. Porque, según esta definición, bajo el término lectura cabría casi todo y ya no haría falta ni tan solo que partiera de un texto. Entonces, ¿qué sería «leer»?

No diré nada de las especificaciones que se ofrecen sobre la metodología seguida (universo, ámbito, técnica de muestreo y dimensiones de la muestra) porque de esto no entiendo. Pero sí me llama la atención la categorización que distingue entre lectores frecuentes, lectores habituales, lectores ocasionales y no lectores. Los primeros, se nos dice, son los que declaran leer al menos una vez por semana; los lectores habituales declaran leer al menos una vez al mes; los ocasionales —y yo aquí veo una franja injustificable de intersección con la anterior— dice que no leen cada semana pero que lo hacen al menos una vez por trimestre.

Esta categorización no establece ni qué tipo de actividad es la lectura ni sobre qué tipo de objetos se lleva a cabo. No aclaramos, pues, si se trata de textos, de textos en algún soporte o formato específico o, de acuerdo con aquella anterior definición, de cualquier otro tipo de «símbolos determinados». Si nos guiamos por lo que hay implícito en la justificación del cuestionario, observamos que prácticamente todas las preguntas hacen referencia a la lectura de libros, mientras que, en la presentación de la categorización de los lectores, la delimitación entre la lectura de libros y una concepción de la lectura más general es, cuando menos, borrosa. Después, la encuesta distingue lectura de libros, revistas, periódicos, cómics, webs-blogs-fórums y redes sociales (quien sabe si WhatsApp incluido). En conclusión, es necesario que los responsables del informe revisen a fondo la relación entre la pobre definición inicial de la lectura y el uso práctico que hacen del concepto en la encuesta.

Después de estas vacilaciones conceptuales, que no parecen en ningún caso anecdóticas, los primeros datos que proporciona el barómetro más bien provocan un cierto escepticismo. Porque cifra el total de lectores (esto es, los que leen alguna cosa en algún soporte al menos una vez por trimestre) en el 94,7 % de la población española de 14 años o más (en el 89 % si la frecuencia de la lectura es semanal). Entre el 2008 y el 2011 el índice era del 90 % y el 2012 ya superaba el 92 %.

¡Vaya! Si eso fuera así —si fuera así ahora, y lo hubiera sido desde 2008— ¡qué sociedad más letrada, más ilustrada, más cultivada y más chachi piruli tendríamos! O, visto que no parece que sea así, quizás es que tanta lectura no aprovecha demasiado. Es evidente que alguna cosa no casa. O los encuestados continúan mintiendo mucho —y eso sería un signo esperanzador de que la lectura continúa conservando un cierto prestigio social—, o lo que entiende por «lectura» tanto quien formula la pregunta como quien la responde debería  ser revisado un poco a fondo.

Unos pocos datos más: un tercio de la población declara no leer libros, otro tercio declara hacerlo en el tiempo libre y, del cerca del tercio restante, una quinta parte, el 6 % del total, dice que lee por obligación (ya sea por estudios o por trabajo) y el 22 % que lo hace tanto por trabajo como por ocio. En total, el lector de libros en tiempo libre es de un 59,9 %. La media de libros leídos al cabo del año es de 13 y las horas semanales de lectura son 7,6. Dice que los lectores de libros que leen diariamente son un 29,9 %; el lector de libros es mayoritariamente mujer, sobre todo joven, aunque crecen los de más de 45 años, y tienen estudios universitarios, aunque la lectura se extienda lentamente entre los otros niveles formativos. Sin contar el libro de texto, en cada casa hay, de media, poco más de dos cientos libros. Por lo que se refiere al último título leído, cerca del 70 % declaran que era un volumen de narrativa; sumando otros géneros, la literatura llega a cerca del 75 %, y el resto queda desmenuzado entre las humanidades, el libro práctico, el libro científico y el infantil (recordemos que la encuesta se dirige a población que tiene al menos 14 años).

La lectura digital tiene un capítulo propio en el barómetro. El universo de lectores digitales (que leen al menos una vez al trimestre) es del 76 % de la población (mientras que en 2012 era del 58 %). Más de la mitad de los encuestados declaran leer en pantalla webs-blogs-fórums y redes sociales, el 40 % periódicos y el 27 % libros. Las cifras indican que el soporte digital no incorpora nuevos lectores, sino que parte de los lectores existentes pasa a leer también en pantalla. La pantalla dominante es la del ordenador, aunque se le acerca bastante la de las tabletas y crece sobre todo la de los teléfonos y no tanto la de los e-readers. Es relevante que menos del 30 % de los libros digitales se obtienen pagando, y la tendencia es decreciente. El lector digital lee una media anual de libros, en cualquier soporte, de cerca de 17, media que es de 11,6 para el lector exclusivamente en papel.

Los otros capítulos del barómetro hacen referencia a la compra de libros, al uso de las bibliotecas y a la lectura en menores y adolescentes. La librería continúa siendo el proveedor mayoritario de libros (también los de texto), muy por encima de las cadenas de librerías y los grandes almacenes, o del cuarto canal de compra, Internet (donde domina, con mucho, Amazon). Cerca del 32 % de la población declara haber ido a la biblioteca el último año, un tercio de manera frecuente y más de la mitad ocasionalmente; el 53,5 % ha hecho uso del servicio de préstamo, principalmente de libros; leer o ir a buscar libros son las actividades claramente mayoritarias en la biblioteca, junto con usarla como espacio de estudio.

Resumo las conclusiones principales que expone el propio informe. Primero, crece el índice de lectores, y especialmente de lectores frecuentes, pero disminuye la lectura de prensa y de cómics. Parece que tienden a reducirse en alguna medida las diferencias tradicionales en la proporción de lectores por razón de edad o de estudios. Se incrementa sensiblemente la lectura «en soporte digital», y se atribuyen al lector de libros en tiempo libre en formato digital algunas características relevantes, que podríamos resumir calificándolo de más activo (intensivo, informado) que no pasivo. Crece el número de compradores de libros (el 61,3 % de la población), aunque pasan de una media de 10,6 libros al año en 2010 a los 9,4. Por lo que respecta a las bibliotecas, los usuarios las valoran más que antes, pero disminuye el uso del servicio de préstamo. En el caso de los niños y los adolescentes, hasta los 10 años la lectura parece muy consolidada (entre los 6 y los 9 años dice que el 86 % leen libros no de texto), mientras que a partir de los 14 años disminuye el uso de la biblioteca y la participación en actividades relacionadas con la lectura.

¿Qué nos dice, pues, el barómetro de Conecta para la FGEE sobre los hábitos de lectura y compra de libros por parte de los ciudadanos de las Españas? Más allá de las cifras concretas —tan poco acorde con otros indicativos que podemos encontrar a mano, aunque a veces no tengan un valor estadístico real: nunca he tropezado en clase con ningún grupo de alumnos con un 95 % de lectores, ni un 59,9 % de lectores de libros ni tan solo un 32 % de visitantes ocasionales de su biblioteca pública—, a mí me lleva a plantear al menos dos cuestiones. Primera, que hay que revisar de pies a cabeza la estructura conceptual de estudios como este, porque los datos que se desprenden no resulten demasiado engañosos. Segunda, que esta revisión deberá comportar, probablemente, que se introduzcan elementos para que el análisis no sea solo cuantitativo sino también cualitativo. Si es que de verdad pretendemos conocer, tal y como indica el título de la cosa, los hábitos de lectura de la población.

Nota. Esta reseña se publica simultáneamente en el Blog de l'Escola de Llibreria.

Las bibliotecas como instituciones que generan confianza: el estado de las bibliotecas en los Estados Unidos en 2018

Daniel Gil Solés
Biblioteca Pública Episcopal del Seminari Conciliar de Barcelona


Rosa, Kathy S. (ed.) (2018). «The State of America’s libraries 2018: a report from the American Library Association». American libraries, special report April. 25 p. Disponible en: <http://www.ala.org/news/state-americas-libraries-report-2018>. [Consulta: 05/05/2018].


El número de abril de 2018 de la revista American libraries, la revista de la ALA, la American Library Association, es un número monográfico dedicado exclusivamente al estado de las bibliotecas de los Estados Unidos en 2018, a hacer una fotografía de la situación en que se encuentran, y a detectar y poner encima de la mesa sus principales problemas y las tendencias actuales y futuras que se han detectado. Este año, este estudio lo ha editado Kathy S. Rosa. El monográfico se divide en las siguientes secciones: en primer lugar, se hace una introducción para, a continuación, analizar la situación de las bibliotecas universitarias, escolares y públicas. Finalmente, se analizan los problemas y las tendencias, tanto a nivel profesional como a nivel nacional de los Estados Unidos. Una situación social, cultural y económica que se enmarca en un contexto en que, tal y como se hace referencia en la presentación del informe, según el Pew Research Center, un porcentaje cada vez más elevado de la población cree que los bibliotecarios y las bibliotecarias pueden ayudarles a localizar y gestionar información de confianza y pertinente, al mismo tiempo que les proporciona un entorno seguro de trabajo y ocio.

Panorama del sector del libro en España

Enric Faura
Director de Xarxa de Llibres y profesor de la Escola de Llibreria


El sector del libro en España (2018). [Madrid]: Ministerio de Educación, Cultura y Deporte: Observatorio de la Lectura y el Libro. 148 p. Disponible en: <http://www.mecd.gob.es/dam/jcr:864ae325-5db4-4ada-b7df-903b60c529f1/El%2.... [Consulta: 27/04/2018].


El pasado mes de abril se hizo público un informe por parte del Observatorio de la Lectura y el Libro en España sobre el mundo del libro. Con el nombre de El sector del libro en España, este documento intenta dibujar de la manera más precisa posible el panorama del sector editorial en el Estado español recogiendo, agrupando y analizando los principales datos y magnitudes, y al mismo tiempo aporta información sobre algunos de los agentes del sector, como las librerías, las bibliotecas y también analizando la evolución del hábito lector en la población española.

Los datos más importantes y relevantes son los siguientes:

Descriptive Metadata for Web Archiving: un esquema de metadatos de OCLC para la descripción de webs archivadas

Andreu Sulé
Facultat de Biblioteconomia i Documentació
Universitat de Barcelona


Dooley, Jackie; Bowers, Kate (2017). Descriptive Metadata for Web Archiving: recommendations of the OCLC Research Library Partnership Web Archiving Metadata Working Group. Dublin, Ohio: OCLC. 53 p. Disponible en: <https://www.oclc.org/research/publications/2018/oclcresearch-descriptive... [Consulta: 19/05/2018].


El control bibliográfico universal ha sido, desde hace más de dos siglos, un objetivo fundamental de la comunidad bibliotecaria. Paul Otlet y Henri La Fontaine, a principios del siglo XX, con su Répertoire bibliographique universel, ya quisieron describir toda la documentación del mundo mediante fichas móviles. Y si ya en el tiempo de Otlet y La Fontaine este objetivo era difícil de conseguir, con la explosión de la producción documental en la segunda mitad del siglo XX dicho propósito se convirtió casi en imposible. Después de la II Guerra Mundial el número de publicaciones aumentó exponencialmente y, además, se presentó en formatos muy diversos.

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