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Una perspectiva no-tan-global sobre la alfabetización informacional

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Cristóbal Pasadas Ureña
Biblioteca de la Facultad de Psicología
Universidad de Granada


Global perspectives on information literacy: fostering a dialogue for international understanding (2017). Association of College and Research Libraries. Working Group on Global Perspectives for Information Literacy, Student Learning and Information Literacy Committee. Chicago, IL: Association of College and Research Libraries. Disponible en: http://www.ala.org/acrl/sites/ala.org.acrl/files/content/publications/wh.... [Consulta: 09/10/2017].


La Association of College and Research Libraries acaba de publicar un libro blanco con el título de Global perspectives on information literacy: fostering a dialogue for international understanding, bajo la dirección del Global Perspectives on Information Literacy Working Group del ACRL Student Learning and Information Literacy Committee. La idea de este informe surge de la necesidad de entender cómo aparece representada la alfabetización informacional a lo largo y ancho del mundo y cómo se aplica entre diferentes culturas.

La obra comprende trece capítulos que cubren las experiencias de diversos expertos en alfabetización informacional en educación superior de varios países (Canadá, Croacia, Emiratos Árabes Unidos, Israel, México, Noruega, Nueva Zelanda, Reino Unido, Sudáfrica y Uganda). Cada capítulo, a su vez, se estructura en torno a cuatro bloques temáticos (Tendencias de investigación, Modelos de alfabetización informacional, Teoría y práctica de la alfabetización informacional y Rol de los profesionales de las bibliotecas) con el fin de dejar al descubierto posibles hilos comunes y planteamientos específicos a través de las diferentes culturas. Cada capítulo va acompañado de una excelente sección de referencias que constituye una de las principales aportaciones de la obra.

Los planteamientos que sirven de punto de partida a la obra en su conjunto tienen que ver con la constatación de que el rol del bibliotecario ya no consiste en dirigir al alumno al recurso más adecuado a su necesidad ni en convertirse en mediador, sino en actuar formando parte de una comunidad de aprendizaje aplicando las diversas formas en que el conocimiento puede ser analizado, interpretado, comunicado y aplicado en un campo concreto. Esta evolución se manifiesta en ese cambio terminológico desde la «educación de usuarios» a los constructos de integración curricular, desarrollo académico y práctica situada que predominan en este informe. Por otra parte, se pueden reconocer las conexiones entre la alfabetización informacional y el aprendizaje en ese tránsito desde las Normas de alfabetización informacional de la ACRL hacia el nuevo Marco negociado e implantado por la ACRL.

Las experiencias profesionales compartidas en todo el mundo incluyen la alfabetización informacional como disciplina en si misma considerada, siempre unida a planteamientos constructivistas, centrados en el que aprende y críticos de la alfabetización, así como a su enseñanza insertada en las diversas disciplinas del currículo, y con una preocupación constante por la credibilidad y la capacidad del bibliotecario como educador y de la biblioteca como protagonista activa de la formación en alfabetización informacional más allá de sus propias paredes.

Ahora bien, la alfabetización informacional aparece siempre como algo altamente dependiente del contexto, y las diferencias en población, política, economía y cultura afectan de distinto modo en cada país y situación. Así, por ejemplo, los capítulos sobre Asia, Croacia, Sudáfrica o Uganda subrayan los retos específicos de los efectos del apartheid o de la transición a sociedades post-conflicto, de forma que en estos casos la alfabetización informacional tiene un rol más urgente en la creación de una ciudadanía educada para afrontar sus nuevas problemáticas específicas. Otros capítulos, como el de Israel, hacen hincapié en la alfabetización informacional como vía para preparar a los estudiantes para un mundo intercultural donde predomina una enorme variedad de experiencias vitales, contradicciones y perspectivas para las que la alfabetización informacional crítica resulta imprescindible. Asimismo, en el capítulo sobre Oriente Medio se aporta una descripción muy ilustrativa acerca de las tendencias más recientes de la educación superior en esa zona con la adopción a gran escala de planteamientos occidentales, incluido el enfoque prioritario sobre la implicación del estudiante en su propio aprendizaje, pero sin que se contemple por parte de las autoridades educativas ningún tipo de conexión entre los diferentes estadios educativos.

Particularmente ilustrativos e interesantes de consultar resultan los capítulos sobre Canadá, Nueva Zelanda y Oceanía por el énfasis sobre la problemática de la alfabetización informacional entre las poblaciones indígenas. Los modelos de alfabetización informacional han surgido en entornos culturales de países desarrollados y, por tanto, están enraizados en el pensamiento y en las estructuras sociales básicamente occidentales, por lo que su aplicación en contextos culturales asiáticos o de poblaciones indígenas debe ser cuestionada de entrada y sus componentes más eurocéntricos debidamente modulados al contexto específico.

Por último, y desde un punto de vista tanto teórico como práctico, resulta no solo aconsejable sino imprescindible leer y profundizar en el modelo Wang de integración curricular de la formación en alfabetización informacional en la educación superior, que el propio autor nos resume en el capítulo M y que aparece plenamente desarrollado en su tesis doctoral Integrating information literacy into higher education curricula: an IL curricular integration model [PhD thesis, Queensland University of Technology, 2010].

En conclusión, se trata de un informe útil como actualización del tema y como planteamiento de interrogantes que suelen pasar desapercibidos pero que pueden servir de acicate para la reconsideración de la propia praxis. El título resulta algo equívoco, ya que la perspectiva global se queda reducida al ámbito de la educación terciaria, no habiendo ninguna referencia, por ejemplo, a la necesaria conexión entre la educación secundaria y la superior de cara al afrontamiento más adecuado de la experiencia del primer año universitario, ni a la educación post-terciaria y su estrecha relación con la investigación, el desarrollo profesional permanente, el desempeño laboral y el aprendizaje a lo largo y ancho de la vida, en definitiva. Ello implica, por tanto, la ausencia de bibliotecas escolares o públicas en el informe. También resulta especialmente llamativa la ausencia de toda referencia a la clave de bóveda de la calificación y/o certificación de los resultados de aprendizaje en alfabetización informacional y otras competencias, por muy sujeto a debate que siga estando el tema.

Por lo demás, la cobertura geográfica resulta especialmente pobre en lo que se refiere al ámbito hispanoparlante y latinoamericano, siendo así que es en países como Argentina, Brasil, Chile, Colombia o Cuba donde actualmente se pueden observar las experiencias más novedosas. Es igualmente llamativa la ausencia del entorno francófono, habida cuenta de su protagonismo evidente en torno a la evolución reciente desde la alfabetización informacional estricta hacia el nuevo constructo de la alfabetización en información y en los medios promovido por la UNESCO y al que solo se menciona de pasada en este libro blanco.