Irene Yúfera publica en el número de abril de Quimera. Revista de literatura (#508) un artículo en que analiza cómo el lenguaje administrativo puede generar exclusión e indefensión, y defiende la comunicación clara como transformación profunda que sitúa a la ciudadanía en el centro.
El texto parte de una idea contundente: la creación y el funcionamiento del Estado son, en gran medida, procesos lingüísticos. La vida en común, la convivencia y el ejercicio del poder se articulan a través de palabras y documentos; por eso, lenguaje, realidad social y poder son difíciles de separar.
La Administración contemporánea es la mayor máquina de producción documental. Una parte de esa producción se dirige a la ciudadanía para informarla y, sobre todo, para que actúe (haga trámites, responda, cumpla obligaciones). El problema aparece cuando esa comunicación falla porque los textos no se entienden.
El artículo pone de manifiesto que la incomprensión de textos administrativos afecta a nuestros derechos y que, aunque existan profesionales que “traduzcan” esos textos, su mediación implica tiempo y coste, y no todo el mundo puede pagarlo. Además, un lenguaje críptico alimenta la desafección política, la desconfianza y la sensación de desinformación.
Yúfera alude al trabajo valioso del grupo de investigación EDAP, de la Universidad de Barcelona, que disecciona problemas típicos en documentos administrativos, los analiza, propone mejoras. La investigadora, miembro de EDAP, señala aspectos críticos que deben abordarse con solidez, como la intención comunicativa y la relación entre emisor y destinatario. En este sentido, como principio de mejora, propone construir el texto como un diálogo nosotros–usted, con tono cortés, que favorezca la confianza y la transparencia.
La autora señala la incertidumbre que producen ciertos mensajes ambiguos, critica títulos opacos (“cédula de citación”, “providencia de apremio”, etc.) y propone una solución concreta: mantener el título técnico si hace falta por seguridad jurídica, pero añadir un subtítulo claro, y al inicio exponer el propósito y el contenido esencial del documento con claridad y concisión. También tiene en cuenta un problema de arquitectura informativa: el orden en que se presenta la información no se adapta a las expectativas del lector, lo que dificulta que este localice lo importante.
Se menciona en el artículo un rasgo igualmente interesante del burocratés: la acumulación de condicionales. Esta acumulación crea demasiados “mundos posibles”. Montolío ya hablaba del poder de los “si…”; y Bayés (EDAP) lo actualiza como “multiverso” en el discurso tributario en una de sus investigaciones recientes. Justamente, el artículo muestra un ejemplo de notificación de deuda con varios “si…” encadenados, que obligan al ciudadano a construir mentalmente escenarios complejos.
El texto concluye reforzando la idea política de fondo: el Estado necesita que la ciudadanía comprenda para poder ejercer derechos y cumplir obligaciones. Por eso, la comunicación clara no es un adorno: es parte del funcionamiento democrático y del acceso igualitario a la Administración.