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Ciencia abierta en España: encajando las piezas de un complejo puzle

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Daniela de Filippo
Grupo de Análisis Cuantitativo en Ciencia y Tecnología (ACUTE), Instituto de Filosofía (IFS), Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
Instituto Interuniversitario de Evaluación de la Ciencia y la Universidad (INAECU)


Abadal, Ernest; Abad-García, Francisca; Anglada, Lluís; Boté-Vericad, Juan-José; Esteve, Asunción; González-Teruel, Aurora; Labastida, Ignasi; López-Borrull, Alexandre; Ollé, Candela; Melero, Remedios; Rodríguez-Gairín, Josep Manel; Santos-Hermosa, Gema (2023). Ciencia abierta en España 2023: informe de situación y análisis de la percepción. [Proyecto RTI2018-094360-B-I00]. Barcelona-València: Grupo Ciencia Abierta. Disponible en: <http://hdl.handle.net/2445/200020>. [Consulta: 12/11/2023].


Sin duda, en los últimos años hemos escuchado y leído mucho sobre ciencia abierta: el cambio de paradigma que supone, sus ventajas y limitaciones…, pero lo cierto es que, a pesar de ser un tema muy discutido, el propio concepto y su alcance no siempre son tan conocidos dentro del ámbito académico. Asimilar «ciencia abierta» con «acceso abierto» es una de las confusiones más frecuentes y nos puede llevar a invisibilizar muchos de los otros componentes que integran este movimiento y que suelen tener un grado de desarrollo e implementación muy desigual.

El informe de situación y análisis de la percepción sobre la ciencia abierta en España —surgido como resultado de un proyecto homónimo del Plan Nacional y liderado por Ernest Abadal— pone de manifiesto esta problemática y nos invita a profundizar en el tema desde una perspectiva integradora para hacer luz sobre aspectos, algunas veces, poco conocidos.

Siguiendo la visión de la ciencia abierta que plantea Abadal (2022) como «un modelo con piezas por encajar», el informe se propone analizar cada uno de sus componentes (acceso abierto, datos abiertos, revisión abierta y modelos de evaluación) a través de la percepción que tienen de ellos —y de la ciencia abierta en general— distintos agentes implicados en el sistema de investigación.

A través de encuestas y entrevistas a editores de revistas científicas universitarias, investigadores, vicerrectores, responsables de agencias de evaluación y focus group con los bibliotecarios, se ha recabado la percepción de estos actores clave sobre las barreras y los elementos facilitadores para la implementación de la ciencia abierta en España.

El informe incluye, además, una recopilación de las principales políticas de promoción de la ciencia abierta (y de cada uno de sus componentes) que funciona como una excelente guía cronológica de los hitos que han marcado la evolución del movimiento de ciencia abierta en el ámbito local en las últimas dos décadas. Es también un acierto, en mi opinión, la incorporación de información sobre el grado de implementación de cada uno de los componentes y los recursos dedicados a la ciencia abierta (fuentes de información, repositorios, portales, etc.).

En cuanto al análisis de la percepción de los diferentes actores académicos, los resultados ponen de manifiesto el desconocimiento que sigue existiendo sobre el tema de la ciencia abierta en general ya que solo una cuarta parte de los investigadores conoce el concepto o está de acuerdo con sus principios. Este dato es interesante ya que es el personal docente-investigador el que lleva adelante las prácticas de ciencia abierta y las cifras aportadas en el informe muestran que aún estamos lejos de que su implementación sea una realidad. Este colectivo manifiesta que realiza sus prácticas siguiendo los lineamientos que proponen (o imponen) las agencias evaluadoras y de financiación, aunque reconocen la necesidad de una formación más amplia así como de estrategias claras para la promoción de la ciencia abierta. 

Según los resultados aportados, los vicerrectores consideran positiva la coordinación con los servicios bibliotecarios para la puesta en marcha de acciones de ciencia abierta, pero aún queda mucho camino por recorrer ya que la mitad de las universidades encuestadas no tiene objetivos concretos en materia de ciencia abierta. 

Por su parte, para el personal de las bibliotecas el sistema actual de evaluación es el principal problema para la implementación de la ciencia abierta, así como la falta de coordinación entre los equipos de dirección y las unidades de apoyo a la investigación y la falta de liderazgo institucional.

Al analizar cada uno de los componentes de la ciencia abierta, resulta interesante destacar algunos datos que ofrece el informe y que ponen de manifiesto que el acceso abierto sigue siendo la punta de lanza. Los distintos recursos que ofrece el estudio para recoger información sobre publicaciones en acceso abierto muestran que esta práctica se ha ido consolidando a lo largo de los últimos años. Así, por ejemplo, podemos constatar que un 66,5 % de las publicaciones de los investigadores del CSIC en 2021 estaban en el repositorio institucional (Digital CSIC, 2022), cifras que superan el 70 % en el caso de las publicaciones de las universidades catalanas (OAAUC, 2022) y llegan a más del 77 % en el caso de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV, 2020). Sin embargo, una de las barreras que aparece de modo recurrente son los costes de publicación en abierto, las famosas APC que parecen ser un punto central a la hora de la implementación del acceso abierto. A esto se suma la necesidad de mayor formación y apoyo técnico para los investigadores ya que el universo de «lo abierto» ha incrementado considerablemente la carga de trabajo para el depósito y gestión de los resultados de investigación. 

Desde el punto de vista de los editores, el informe muestra que casi la totalidad de las revistas están en acceso abierto y este se percibe como positivo, sin embargo, hay reticencias para el depósito de los preprint y la competencia con las grandes editoriales es, actualmente, uno de los principales retos que debe afrontar este colectivo. Por su parte, los vicerrectores ven positivo el apoyo económico para implementar un modelo de comunicación más abierto y se muestran favorables a incentivar a los investigadores para publicar en abierto y establecerlo como requisito en las convocatorias de ayuda a la investigación.

La información sobre datos de investigación resulta especialmente interesante ya que este aspecto es uno de los menos conocidos dentro del universo de la ciencia abierta debido, quizá, a que la incorporación de normativas y regulaciones ha sido mucho más reciente. Os invito, por ello, a revisar los recursos que aporta el informe y que son un interesante material de consulta para hacer un seguimiento de la legislación y del alcance del depósito de los datos en España. 

En cuanto a la percepción de los diversos actores, en general, se aprecia como positivo compartir datos, fomentar la competencia sana, y dar respuesta a requerimientos de las agencias financiadoras. Sin embargo, se ha puesto de manifiesto que las principales barreras estarían relacionadas con las diferencias en las prácticas de las distintas disciplinas, la descontextualización que hace que un conjunto de datos pueda resultar inservible para otros investigadores, la carga de trabajo que supone su gestión y depósito, el miedo a ser cuestionado, la falta de políticas y normativas que regulen su uso, las escasas infraestructuras, ciertas cuestiones éticas asociadas con la propiedad y la aparición de conflictos cuando existe financiación privada que impide la apertura de esta información.

Los aspectos relacionados con las métricas y los procedimientos de evaluación son un punto especialmente sensible para todos los colectivos ya que se perciben como un factor determinante de las prácticas científicas y, por tanto, de la implementación (o no) de la ciencia abierta. La normativa analizada en el informe refleja el interés creciente y reciente por este tema, con documentos como la Estrategia Nacional de Ciencia Abierta (España, 2023) que aboga por la consideración de los principios de la ciencia abierta entre los requisitos para la evaluación de la actividad investigadora. En cuanto a las percepciones, los vicerrectores y las agencias de evaluación creen que se vienen cambios positivos de la mano de las nuevas generaciones de investigadores. Lo que se percibe como negativo es la dificultad de que convivan dos modelos de evaluación, la falta de criterios claros para evaluar las diferentes disciplinas, el escaso compromiso por parte de los evaluadores y el poco reconocimiento de su labor. Entre los diferentes actores que se han encuestado se evidencia una falta de acuerdo en relación con la valoración de las prácticas de ciencia abierta como criterio de evaluación. Por otro lado, mientras los investigadores y los bibliotecarios perciben a los cuerpos directivos de las universidades como responsables de la promoción de la ciencia abierta, estos ven la rigidez administrativa como un impedimento para la implementación de nuevos modelos de evaluación.

En línea con los resultados presentados en el informe, los autores ofrecen un segundo documento, Recomendaciones a la administración pública para facilitar la implantación del modelo de ciencia abierta en España, que actúa como corolario del diagnóstico presentado en el texto anterior.

Tras la exposición de los antecedentes legislativos internacionales y nacionales en cuestiones relacionadas con la ciencia abierta, el documento plantea cinco grandes objetivos a alcanzar y una serie de recomendaciones para conseguirlos. Estos objetivos –como comentan los autores– están dirigidos a la administración pública con el propósito de avanzar más rápidamente en la implementación de la ciencia abierta, pero, en mi opinión, resultan interesantes para todos los miembros del sistema científico.

Me parece oportuno presentar el listado de objetivos destacando algunas de las propuestas de los autores:

Objetivo 1: Alcanzar el pleno acceso abierto a las publicaciones científicas resultado de la investigación en instituciones públicas. Los autores sugieren la obligatoriedad de la publicación en abierto de resultados de investigación financiada sin incrementar los costes, promoviendo la bibliodiversidad y la publicación en revistas «diamante». Instan a las instituciones a formar a sus investigadores, a fomentar la «vía verde» y a promover el enlace con los datos de investigación así como establecer políticas claras para garantizar la retención de los derechos patrimoniales por parte de los autores.

Objetivo 2: Crear un sistema de infraestructuras y servicios de apoyo humano que faciliten la publicación de los datos de investigación de manera FAIR. En este caso la propuesta incluye el requisito de contar con un plan de gestión de datos en los proyectos, así como un depósito previo de los mismos siguiendo los principios FAIR. Asimismo, subrayan que los repositorios de datos deben cumplir con los requisitos necesarios para integrarse en el ecosistema EOSC y que los datos deberán poder incluirse en los sistemas de información institucional. La creación de infraestructuras cooperativas es otra de las recomendaciones realizadas.

Objetivo 3: Disponer de un sistema de evaluación cualitativo y cuantitativo que reconozca la diversidad de resultados de investigación y las prácticas de ciencia abierta. Ante los cambios en los sistemas de evaluación a nivel internacional, los autores proponen participar en los foros de debate, valorar la viabilidad de su implementación a nivel local incluyendo a diferentes agentes, adaptar los criterios de evaluación a las disciplinas y las diferentes etapas de la carrera académica e incluir métricas responsables que incorporen prácticas de ciencia abierta.

Objetivo 4: Implantar el conocimiento y la práctica de los principios de la ciencia abierta por parte del personal investigador, de las unidades de apoyo a la investigación y del personal de biblioteca. En este caso la propuesta se centra en impulsar la formación en ciencia abierta (considerando sus componentes) a través de programas específicos para diferentes colectivos considerando tanto personal docente-investigador como personal técnico.

Objetivo 5: Gestionar el seguimiento de las recomendaciones y las acciones establecidas por parte de las organizaciones para progresar hacia la ciencia abierta. Aquí el foco se pone en el rol de cada una de las instituciones que deberán crear comisiones para monitorizar la implementación de la ciencia abierta y asegurar cumplir con procedimientos de evaluación de los progresos obtenidos tras la definición de objetivos claros e indicadores que permitan su operacionalización.

Tras la revisión de ambos informes, me permito sugerir su lectura a diferentes colectivos ya que considero que ofrecen una visión amplia y complementaria sobre la situación de la ciencia abierta en España. Los textos ponen de manifiesto la necesidad de coordinación entre los diferentes agentes del Sistema de ciencia y tecnología para alcanzar una implementación real de la ciencia abierta. 

Para concluir podemos recuperar una frase que resume con precisión la situación en que nos encontramos ya que, en palabras de Abadal (2022), la ciencia abierta es una visión que no alcanzará su máximo esplendor y desarrollo hasta que todas sus piezas se encuentren ampliamente desplegadas y consigan establecer sinergias y coordinación entre ellas.

 

Referencias citadas

Abadal, Ernest (2021). «Ciencia abierta: un modelo con piezas por encajar». Arbor, vol. 197, n.º 799, a588. 

Monitor del Mandato CSIC de Acceso Abierto. Datos del cumplimiento (2022). Oficina Técnica de DIGITAL.CSIC; Versión 3. 

España (2023). Estrategia Nacional de Ciencia Abierta (ENCA): 2023 - 2027. Madrid: Secretaría General Técnica del Ministerio de Ciencia e Innovación. e- NIPO: 831 230 195.  

Observatorio del Acceso Abierto de las Universidades Catalanas (2022). 

Monitor acceso abierto 2020 (2020). Universdad Politécnica de Valencia. Servicio de Biblioteca y Documentación Científica. 
 

© Imagen inicial de Zoltan Matuska en Pixabay