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Textos políticos

La violencia de tantos hombres contra las mujeres

La abogada de los violadores de.  Pamplona: la batalla por lo simbólico se libra también entre mujeres

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. MARÍA-MILAGROS RIVERA GARRETAS

La abogada de los violadores de. Pamplona: la batalla por lo simbólico se libra también entre mujeres

Ayer 2 de septiembre de 2016 fue noticia otro paso de los juicios contra los violadores de los sanfermines de Pamplona del pasado julio. Fue noticia que la abogada de los acusados, embarazada, fundaba su defensa de los violadores en la típica (y siempre vil) acusación a la víctima: las violaciones múltiples, cometidas en el portal de una casa, habrían sido consentidas. La abogada, presuntamente por dinero y ganas de notoriedad, sin excluir otros motivos más banales como la estupidez, fundaba así su defensa en el punto más débil, oscuro y eficaz del Derecho y de la sexualidad del hombre patriarcal: la fantasía, para sostener una virilidad corrupta, de que a las mujeres nos gusta ser sometidas a violencia. Yo no creo siquiera que a los hombres, por lo general, les guste.

Noticias tan desagradables como esta nos alteran mucho a las mujeres. Al oírlas, no sabemos si leerlas como el mundo al revés, como un fracaso del feminismo, como que no hay quien lo entienda... Y sin embargo, esta noticia es una prueba del final del patriarcado. El final del patriarcado ha dejado sin ley a muchos hombres y, también, a algunas mujeres, a las mujeres que estaban a gusto deportadas en él y a las que creen que pueden medrar, y medran, en la confusión de la ausencia de ley.

El final del patriarcado ha abierto una batalla por lo simbólico completamente nueva. Es una batalla por el modo de interpretar y de poner en palabras el sentido actual de la realidad: el sentido de la vida, de las relaciones, de las cosas y, sobre todo, el sentido actual del ser mujer u hombre, un asunto en el que casi nadie se aclara ya. Todo esto lo decía antes, a su modo, el patriarcado. Ahora está abierta la posibilidad de que lo digamos las mujeres hablando como mujeres, eligiendo hablar como mujeres y no como hombres. Los hombres, por lo general, están en este momento más ocupados en lo que les pasa con el reparto del poder en las democracias (curiosamente bloqueadas a fuerza de igualdad en muchos Estados como el español, el de los Estados Unidos, Reino Unido, etc.) que en algo que les afecta mucho más a fondo y que es, precisamente, el final del patriarcado, inseparable, por lo demás, de la crisis de la democracia. Por eso es la ocasión de las mujeres, ocasión de hacer de tertium, de terciar en el debate cristalizado entre derechas e izquierdas para devolverle el contacto con la realidad viva. No sabemos por cuánto tiempo estará disponible la ocasión.

Para no equivocarse, es necesario ahora, yo creo, recordar que la batalla por lo simbólico ya no se dirime entre mujeres y hombres sino que se libra, sí, entre mujeres y hombres, como antes, pero también entre hombres y, sobre todo, entre mujeres, porque somos las mujeres las depositarias de la lengua materna, las que más sabemos de la coincidencia de las palabras y las cosas. Visto así, ya no da tanto miedo que haya mujeres que eligen hablar como hombres: ellas sabrán o, tal vez, aprenderán por experiencia. Lo importante es saber, como dicen que decía no sé quién, dónde está el enemigo. Saber quién es y dónde está para esquivarlo, sin entrar en conflictos que no llevan a nada mas que a cansarse o a paralizarse políticamente. Ya no está prohibido criticar a otra mujer. Vale más recordar que sabemos mucho del conflicto relacional, el que no pretende destruir a lo otro sino enseñar a tratarlo adecuadamente con lo que María Zambrano llamó en su día piedad.

* Ver la primera parte de este artículo de María-Milagros Rivera Garretas en http://www.ub.edu/duoda/web/es/textos/10/181/

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