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El virus había llegado

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LAURA MORA CABELLO DE ALBA

El virus había llegado

Madrid, 17 de marzo de 2020

El viernes por la noche, después de bañarme, me dio un fuerte dolor en los riñones y empezó la fiesta. El virus había llegado y mi cuerpo se declaraba en guerra. Noche de fiebre y dolores; sábado en la misma tónica pero algo más suave; domingo tarde empezó a remitir la fiebre y el dolor; y desde esa noche hasta hoy ya estoy sin fiebre, sin dolores. He comido poco –ni falta que hacía-, he bebido mucho y he estado aislada como todo el mundo. Estuve en contacto telefónico solo con dos personas porque no podía sostener más. Tenía que dedicarme a mí, con eso tenía bastante, pero necesitaba mantener un contacto de seguridad. No he tenido tos ni dolor de garganta. No tengo ni un moco y, sin embargo, he perdido el olfato….algo inquietante para mí que soy una sabuesa. Qué bien que tengo el resto de mis sentidos para disfrutar de la belleza del cielo de Madrid y del sonido del mirlo que, constante, me acompaña cada amanecer y cada atardecer. También pude ver dos águilas en el horizonte (y ¡ya no tenía fiebre!!!).
No les dije nada a mi padre ni a mi madre hasta ayer, cuando ya podían “ver” que estaba bien. En los días chungos hice un ejercicio interpretativo propio de reconocimiento cada vez que hablaba con ellos. Creo que, por fin, he aprendido a mentir.
Con Juan, que era mi interlocutor básico -dos casas más abajo-, inventamos un código nuevo. Estamos al lado pero no nos podemos ver, así que se me ocurrió sacar la fregona por la terraza y me vió! ¡No sabéis qué se siente cuando te ven mover la fregona! Cuando hay un gesto de comunicación material, real, de verdad. Un contacto.
El sábado por la mañana me levanté exhausta y tuve un par de horas bastante infernales porque mi cabeza me torturaba con pensamientos negativos y victimistas: estás sola, eres débil, quién te va a cuidar. Lo entendí –tenía miedo- pero me cabreé y no sé en qué momento mi mente cedió y se puso al servicio de la sabiduría de la entraña. De la confianza en mí, en mi experiencia y en la vida. No estoy sola, estoy conmigo. Ahí todo cambió. Me entregué a lo que sucedía y ya fue otro cantar. Tanto, que en una de mis dormidas de ese día soñé que era la diosa Atenea y que con mis flechas mataba al coronavirus. Me desperté sonriendo. Había pasado del miedo a ser una diosa….así soy yo. Recuperé el eje y el sentido del humor.
Me estoy cuidando con mis potingues, a limón limpio. Y mucho mimo, poca exigencia. Si ahora no es así, cuándo.
Escribo esto por si puedo ayudar en algo nombrando mi experiencia. Hay una pandemia y, sin embargo, no conocemos a nadie cercano que la sufra. ¿Es raro eso? Sin embargo, no tengo fuerza ni ganas de sobreexponerme, así que os pido, por favor, que no me saturéis a mensajes por privado. Estoy segura de vuestro cuidado hacia mí y no necesito declaraciones explícitas. Salvo de amor, eso sí. O invitaciones emocionantes para cuando pase lo gordo. Eso también.
Por supuesto, quedo disponible si alguien necesita algo que yo pueda tener y dar virtualmente.
Muchísimos besos y abrazos. ¡Tomadlos que los míos se rifan porque ya van con anticuerpos!
(17/03/2020)

Universidad de Barcelona
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