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Llenando el mundo de otras palabras

Lo que el viento se llevó ¿racismo o escritura femenina por la paz?

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MARÍA-MILAGROS RIVERA GARRETAS

Lo que el viento se llevó ¿racismo o escritura femenina por la paz?

Soy lectora, admiradora y oyente asidua de Margaret Mitchell (Atlanta 1900-1949), de Harriet Beecher Stowe, de Audre Lorde, Alice Walker, Toni Morrison..., de otras autoras cuya raza es siempre un más, he vivido de jovencísima en el sur de Chicago entre dos guetos, he cogido muchas veces, algunas sola, el tren elevado que atraviesa otros muchos, he querido bajarme de un mundo que permite y fomenta la injusticia brutal que es el racismo y la esclavitud...; por eso, me atrevo a decir que Lo que el viento se llevó es una obra maestra de la escritura femenina que enseña a sentir de modo irreversible la insensatez de la guerra. Lo enseña como lo enseñó Simone Weil, contemporánea de Margaret Mitchell, con su proyecto de una pequeña agrupación de enfermeras de primera línea que, inermes, mostraran con su mera presencia a la humanidad que intervino en la Segunda guerra mundial, la insensatez de esta y de todas las guerras. Las mujeres de sexo femenino sabemos y hemos sabido siempre que la paz es condición de la vida humana, precisamente porque la guerra, que no es su contrario porque la paz, contrario no tiene aunque algún escritor diga que sí, destruye en primer lugar la obra de cada madre, que son cuerpos que hablan y relaciones por el gusto de estar en relación.

Son las ideologías, siempre bélicas porque siempre antinómicas u opositivas en su desamor natural, las que no permiten ver escritura femenina donde la hay, porque sin contraposición dialéctica las ideologías se mueren, se mueren con su emblema, el patriarcado. Ocurre que la escritura femenina se encuentra con la escritura femenina, no con el pensamiento del pensamiento, siempre ideológico, siempre en lucha, siempre encerrado en la antinomia vencedores/vencidos. Es una evidencia de los sentidos, hoy decible por cualquiera, no solo por Simone Weil y sus admiradoras, que en las guerras nadie gana verdaderamente, porque la fuerza nadie la posee realmente sino que todos y todas somos finalmente poseídas por ella.

Que Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind) sea escritura femenina por la paz lo han visto y sentido profundamente los millones de lectoras y lectores del mundo entero que han leído la novela o han visto la película y no han olvidado el nombre de Scarlett O’Hara ni su apasionado amor a la vida y a la libertad femenina. La novela, nacida de los relatos de las experiencias bélicas estremecedoras que Margaret Mitchell oyó contar de niña en Atlanta, fue publicada en 1936 y llevada al cine en 1939, convirtiéndose enseguida en un record bestseller.

Lo que a mí me enseñó y me enseña la novela Lo que el viento se llevó es que no hacía falta la Guerra de secesión o Guerra civil estadounidense de 1861-65, ni ninguna otra guerra, para abolir la esclavitud en el Sur de los Estados Unidos. Me enseña que la guerra, además de insensata, es inútil. Me enseña que es la paz y su posibilidad, la paz como condición del vivir humanamente (María Zamabrano), lo que el viento se llevó, la paz como valor profundo, inherente a lo femenino libre. Para acabar con la esclavitud, bastaba y basta el sentido propio y personal de la justicia, sentido de la justicia que es de la madre y que, como ella, está más allá de la ley, no en contra de la ley. La madre inculca a su niña y a su niño el sentido profundo de la justicia, mediante la justeza de la palabra y de la gramática, al enseñarle a hablar. Basta con conservarlo durante el resto de la vida en el interior del alma de cada cual, y actuar en consecuencia, partiendo de sí hasta alcanzar concordia con lo otro, sin descanso.

La esclavitud, cuyo primer exponente es hoy la prostitución, ha atravesado, desgraciadamente, las razas, como deja patente la propia palabra “esclava”, que sustituyó a “ancilla” y a “serva” cuando las poblaciones eslavas la sufrieron particularmente. Ojalá la esclavitud esté siendo ya impensable, tanto que su uso sirva ya solo a Amor.

(13/06/2020)

Universidad de Barcelona
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