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Vulvas sí / vulvas no. La libertad femenina no se deja prohibir

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MARÍA-MILAGROS RIVERA GARRETAS

Vulvas sí / vulvas no. La libertad femenina no se deja prohibir

La libertad femenina no se deja prohibir

Dos días antes del comienzo del carnaval de 2016, la alcaldesa de Madrid prohibió que salieran a la calle las tres carrozas dedicadas al deseo femenino que el propio ayuntamiento había encargado con la intención de cumplir con su deseo de que del carnaval de este año las mujeres fuéramos las protagonistas. Para una de las carrozas se había preparado una vulva azul muy grande y artística con sus labios, tornasolados y perlas: azul porque seguía la tradición del manto de la Inmaculada y, con el azul, su inclinación virginal y celeste. Mujeres de los trece distritos de Madrid habían trabajado durante meses en la elaboración de otros motivos que expresaran el deseo femenino, motivos entre los que había vulvas de todo tipo y color. La alcaldesa declaró que las carrozas podrían salir el año que viene, pero que ella no se montaría en la de la vulva.

Y, sin embargo, la vulva ha sido motivo de meditación de mujeres durante siglos en nuestra cultura europea. Lo ha sido sobre todo entre mujeres dedicadas a la vida religiosa y del espíritu, mujeres que reflexionaron mucho sobre su virginidad elegida y sobre el sentido y el valor de esta elección. Ellas, como los hombres que escogieron este tipo de vida, esquivaron el patriarcado precisamente con esta elección, porque la castidad la entendieron en su tiempo y cultura como un no a la procreación. Con frecuencia, las meditaciones femeninas sobre la vulva se inspiraron en la herida más significativa del cristianismo, que es la del costado izquierdo de Jesucristo (el lado del corazón) durante el suplicio de crucifixión al que fue sometido. Tomaron la herida horizontal de Cristo y la pintaron o dibujaron una y otra vez en vertical, simbolizando el anhelar hacia lo alto propio de su cuerpo femenino, entre otros anhelos. Porque la vulva es la puerta de la vida.

En el feminismo más radical del siglo XX, la artista y crítica de arte Carla Lonzi, cofundadora de Rivolta femminile, tuvo una idea que hizo época. Distinguió entre la mujer clitórica y la mujer vaginal, atendiendo no solo al tipo de sexualidad de una u otra sino en términos ontológicos de lealtad de una mujer a su deseo femenino o al deseo masculino. Aquí se situaban las carrozas prohibidas.

¿Qué daño podían hacer estas carrozas? Instintiva o inteligentemente, la prohibición expresó la importancia de la disyuntiva existencial y política de la que habló magistralmente Carla Lonzi. Una carroza de vulvas no podía tener lugar en una institución masculina, masculina porque sirve al deseo de él, por más mujeres que haya en ella. La carroza pondría en evidencia algo que debe permanecer oculto: que la libertad femenina, en el carnaval institucional no entra ni siquiera en juego. No entra porque pondría en jaque algo que yo misma viví hace treinta años como un progreso: que el carnaval lo organizara el ayuntamiento de mi ciudad. Pero el carnaval había sido siempre una fiesta popular, no institucional, cuando era un carnaval verdadero. Y así debería haber permanecido.

La libertad femenina desborda el dominio de las instituciones. Por eso, las instituciones no pueden, realmente, prohibirla. No la prohíben (las carrozas podrán salir el año que viene, cuando quizás ya no quieran salir) porque no han podido evitar que cumpla su cometido, que en este caso ha sido el de poner en evidencia precisamente que la libertad femenina está más allá del estrecho marco institucional en el que el deseo femenino se ahoga. ¿Qué hacer entonces? Pensarlo más, hablarlo y ver, antes de confiar. Mi pregunta es: ¿acercarse demasiado a las instituciones quemará las alas de la mariposa?

Leer también: Gobernar las vulvas: la tragedia de Carmen, la Antígona de la sexualidad libre de María-Milagros Rivera Garretas: http://www.ub.edu/duoda/web/es/textos/10/176/

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