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Un trabajo humilde sobre los mediadores de la lectura entre niños y jóvenes

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Teresa Mañà
Facultat d’Informació i Mitjans Audiovisuals
Universitat de Barcelona (UB)


Estudio sobre los valores y enfoques de los profesionales del fomento de la lectura. Madrid: Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2022. 80 p. Disponible en: <https://fundaciongsr.org/wp-content/uploads/2023/02/Mediadores.pdf>. [Consulta: 27/03/2023]. Más información: <https://canallector.com/docs/3598/>.


Esta publicación ha sido elaborada por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez (FGSR) desde su servicio denominado Laboratorio Contemporáneo de Fomento de la Lectura (LCFL), entidad donde se agrupan todas las iniciativas de la institución para generar ideas, líneas de trabajo y estudios en el contexto del III Plan de Fomento de la Lectura del Ministerio de Cultura y Deporte. Entre las líneas de actuación de este plan se contemplan ‒como no podía ser de otra manera‒ estudios sobre el tema de la lectura; este, específicamente, está centrado en los profesionales que trabajan en el fomento de la lectura de los jóvenes.

El estudio se propone analizar los valores y las visiones de personas dedicadas al fomento de la lectura entre los jóvenes (de hecho, la publicación tiene, además del título citado, otro título más descriptivo en la contraportada, Visiones de los profesionales que trabajan en el fomento de la lectura de los jóvenes). Estos profesionales, llamados genéricamente «mediadores», son aquellas personas cuya actividad profesional consiste en favorecer el acceso a los libros como forma de ocio y también en fomentar el interés y la práctica de la lectura. «Mediador», pues, se refiere a la persona que interviene entre otras personas para ponerlas de acuerdo; es decir, a la persona que hace una mediación. En este caso, la mediación se hace entre una persona y una acción (leer) o un objeto (libro). 

¿Quiénes son los mediadores según este estudio? En la lista de participantes que han colaborado en este estudio encontramos «profesionales de largo y reconocido prestigio» (sic) escogidos, tal y como se hace constar en los prolegómenos, del ámbito de España e Iberoamèrica, sin ninguna intención de representatividad. Son bibliotecarios, técnicos de gestión cultural, editores y organizadores de encuentros y festivales, coordinadores de premios y, ‒no podían faltar en los tiempos actuales‒ prescriptores de lectura con incontables seguidores en las redes. En concreto, el estudio recoge la opinión de: profesionales de bibliotecas de León, la Coruña, Murcia, Lisboa, Chile; dos entidades merecedoras del Premio Nacional de Fomento de la Lectura; gestores independientes de entidades de fomento de la lectura de Salamanca, Gijón, Sevilla; los responsables de una feria del libro y una bookstagrammer. En el conjunto, hay nombres de referencia como Raquel López, Luis Miguel Cencerrado o Freddy Golçalves Da Silva, pero que los escogidos como organizadores de la feria sean de Eslovenia (que por otra parte, no es de España ni de Iberoamérica), existiendo la Feria del Libro de Madrid o el Món Llibre de Barcelona, no deja de sorprender. En total, solo 28 personas. 

El estudio se propone recoger las visiones o percepciones de estos profesionales del fomento de la lectura sobre diferentes cuestiones, como el objetivo de su trabajo, la evolución de los comportamientos y las necesidades de los destinatarios o las oportunidades de mejora del impacto de sus acciones, con el objetivo final de generar un instrumento para favorecer la innovación metodológica de los mediadores. Los aspectos que centran el interés de la investigación son: 

  1. Tipología de los destinatarios de las actividades de fomento de la lectura; 
     
  2. Relaciones y dinámicas entre instituciones y destinatarios; 
     
  3. Sistemas para el diseño de las actividades; 
     
  4. Valoración de la LIJ como estímulo; 
     
  5. Impacto de la pandemia de la covid-19; 
     
  6. Caminos para la innovación; 
     
  7. El trabajo en colaboración, y 
     
  8. Propuestas de transformación. 

En todas estas facetas se recogen, sobre todo, los comentarios de los entrevistados, de los cuales los redactores del estudio hacen una síntesis y sacan alguna conclusión aproximada. Algunas de estas conclusiones son: 

  • Entre los jóvenes se dan diferentes perfiles: los que sin pudor proclaman no leer, los que les interesa más la calidad que la cantidad y los que leen mucho.
     
  • Los géneros que interesan a los jóvenes lectores son fantasía y sus subgéneros y temas coyunturales (feminismo), con un incremento por el cómic y por los derivados de los audiovisuales.
     
  • En las bibliotecas se llevan a cabo muchas acciones de promoción lectora, pero a veces pasan desapercibidas.
     
  • Se apunta la necesidad de ampliar la mediación a los adultos que acompañan a los más pequeños.
     
  • Los mediadores consideran que tienen un alto grado de autonomía en las programaciones y que estas se ajustan a los gustos y edades del público, sobre todo, a las bibliotecas; así mismo, reconocen que se realizan más actividades para el público infantil que para el juvenil.
     
  • El volumen de actividades se ha incrementado, pero se detecta una cierta reducción del presupuesto, poca innovación en los programas, escasa implicación de las políticas públicas y, por el contrario, demasiada actuación sin evaluar o determinar claramente los objetivos.
     
  • La pandemia estimuló la creatividad y las fórmulas híbridas de trabajo, pero muchas personas prefieren la experiencia presencial.
     
  • Los mediadores se sienten inseguros en el uso de dinámicas más innovadoras (Wattpad, Bookstagram, Book Tok, Goodreads o Twitch).
     
  • Es necesaria la colaboración de las familias y con todas las organizaciones e instituciones que trabajan en este campo, hay que mejorar las estrategias e introducir transformaciones en el ámbito escolar.

Aunque sólo mostramos una selección de las que nos han parecido más relevantes, el conjunto del estudio apuntala certezas y no aporta demasiadas novedades. Todas las opiniones recogidas en los diferentes apartados se acompañan de fragmentos de los literales obtenidos en las entrevistas, diversos e, incluso, contradictorios en algunos casos. En algún momento, los propios redactores opinan que reúnen las ideas en un contexto de bastantes divergencias. 

Se trata de un estudio de carácter cualitativo, basado en entrevistas y grupos de discusión, en donde solo se recogen percepciones y opiniones sin que pueda concluirse ninguna representatividad estadística ni ninguna conclusión contrastada. Se nos dan también las cifras de una campaña promovida a través de las cuentas de Twitter de la FGSP que obtuvo respuesta de 1.049 usuarios (@canallector) y 1.734 usuarios (@fundaciongsr @casalector), una acción completamente inconsistente y donde difícilmente se puede otorgar ningún valor a las respuestas, como tampoco lo hacen los responsables del estudio.

En las conclusiones, los redactores reconocen que aunque se trata de un planteamiento humilde (sic, p. 75) confían que sirva de material para una reflexión crítica, que sugiera propuestas de innovación y pautas que ayuden a las instituciones a redefinir la organización de las acciones de fomento de la lectura. Hacen un resumen bien estructurado desde la visión de las organizaciones, los profesionales, los destinatarios, los contenidos (la LIJ) además de un resumen de las propuestas derivadas de las conversaciones. Al lector interesado en el tema, probablemente le resultará suficiente la lectura de este último apartado (p. 75-80).

En conjunto, la obra se propone un objetivo acertado y ambicioso, pero obtiene unos resultados verdaderamente «humildes» y también previsibles que no contribuyen a conocer y mejorar la situación. De un estudio tan limitado por lo que al planteamiento se refiere y, sobre todo, a la metodología, difícilmente podía derivarse una investigación útil y rigurosa. 

Nota. Esta reseña se publica simultáneamente en el Blog de l’Escola de Llibreria.
 

© Imagen inicial de Kranich17 en Pixabay