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El incesto ya no se olvida

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MARISÉ CLEMENT LÓPEZ

El incesto ya no se olvida

Deseo dar las gracias a Duoda por la osadía y el riesgo de organizar y ofrecer el Seminario Internacional de Duoda de este año 2019, dedicado a lo tantas veces innombrado, El cuerpo se confiesa: el incesto. Deseo dar las gracias también a las mujeres que desde sus cuerpos dañados sacaron palabras para pensar, sentir y decir su dolor y su esperanza en el entre-mujeres. Palabras precisas, nacidas de pensar su experiencia, por eso atravesaron el dolor y trascendieron hacia nosotras, haciéndo una vez más, simbólico femenino libre. Disfruté mucho escuchándo y aprendiéndo de otras, a pesar de lo difícil que parecía abordar lo que tanto cuesta decir y escuchar.

Tuve la sensación de que algo nuevo se abrió, de esas cosas que una vez dichas y aprendidas no tienen marcha atrás, entre ellas, poner el acento en el incestuoso, el hombre que comete el delito, sin dejarlo bajo el paraguas de la palabra incesto, para que no se nos diluya que hay un hombre detrás del horror sufrido por la criatura, y que es él, y nadie más, quien lo comete. Nombrar y saber que destrás de ese delito hay otro más antiguo, el de destruir la pareja humana originaria, la de hija y madre, intento de destruir el vínculo que se genera en esa relación amorosa para imponer la fuerza y la mentira, señalando que de ese modo, el patriarcado podría pervivir, transmitiendo a través de esa rotura la venganza por el miedo atávico que muchos hombres temen -me atrevo a decir- de no ser creadores de vida. En palabras de Patricia Meza Rodríguez, una de las ponentes, culpar a la madre por su ausencia cuando la niña, el niño, son violados, es un intento perverso del patriarcado de desposeer a la madre y la criatura de su relación sagrada de amor y confianza. Añadió que las mujeres abrimos el silencio para que salga el dolor y así poder sanar la herida, destacando que en ella, ese gesto, ha sido un deseo político. Oír en la intimidad pública de aquella sala que, el tabú del incesto, es su silencio, fue dejar pasar la luz a través de la grieta en la pared, luz que no deslumbra, sino que ilumina y deja ver más allá del dolor.

Aquí estamos las mujeres para proteger a las niñas y a las jóvenes del olvido del incesto, porque como dijo Candela Valle Blanco en su exposición, el cuerpo guarda la memoria del sentir encarnado, el cuerpo es el único testigo de lo que la niña ha experimentado, por eso emite señales durante toda su vida, que irán desapareciéndo cuando éstas puedan ser nombradas y descifradas en relación con otras, porque ya habrán cumplido su función. Con la exposición de las experiencias de algunas y el acompañamiento y la eschucha de todas, acogimos y trajimos al mundo el momento en que el incesto puede ser escuchado, desde el amor y el respeto por la fortaleza de la criatura que lo ha sobrevivido mostrándonos una verdad que ya no se olvida.

Además de nombrar, se conectaron saberes y sentires, se dio forma simbólica al delito. Milagros Rivera Garretas, acertadamente dijo: “Los saberes aislados cuando se conectan crean cultura”. Eso es lo que hicimos algunas mujeres, maestras y alumnas, el pasado sábado, 11 de mayo de 2019 en La Cuina, acogidas por La Bonne Centre de Cultura de Dones. Grácias, de verdad!!


La Garriga, 18 de mayo de 2019
Marisé Clement López

Universitat de Barcelona
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