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La naturalesa es reivindica sobrenatural

MARÍA-MILAGROS RIVERA GARRETAS

La naturalesa es reivindica sobrenatural

Coronavirus

Con un virus nuevo y ágil, y una enfermedad no grave, la naturaleza acompaña desde hace meses el final del patriarcado y provoca un caos global en el que nadie sabe a ciencia cierta si es peor el remedio que la enfermedad. Nadie sabe ya qué viene antes. El patriarcado era un sistema de dominio de los hombres sobre las mujeres y lo natural que alcanzó a lo sobrenatural. Para imponerse, entronizó por la fuerza un Dios Padre y eliminó como pudo a la Diosa Madre anterior, que en el mundo tenía muchos nombres pero era siempre sustancialmente la misma, por ejemplo, la Gea de “gen-erar” y de la Tierra y su geología, o la Señora de la Cueva de Covadonga (Cova Dominica) de la sexualidad femenina libre, la clitórica. Porque, como escribió incansable Sor Juana Inés de la Cruz en poesía, prosa y teatro, la madre viene siempre antes, antes hay siempre una mujer, y genera, genera cuerpos, conceptos, palabras de lengua materna, relaciones, sintaxis, política. Esta precedencia que tanto atormentó al patriarcado vuelve a ser hoy una evidencia de los sentidos (María Zambrano) finalmente decible por las mujeres y, quizás, por los hombres.

Pienso que esta es la brecha del presente que finalmente se ha abierto del todo: la naturaleza, lo natural, se está reivindicando sobrenatural, ocupando su sitio propio, el del principio, el del antes, el del siempre antes. Lo hace con un virus nuevo y ágil, y una enfermedad no grave que ha descolocado todos los regímenes y sistemas políticos. Una enfermedad que, curiosamente, contraen más los hombres que las mujeres, sin que se sepa ni haya tiempo de analizar por qué.

Las feministas del último tercio del siglo XX luchamos por acabar con el estereotipo patriarcal que nos identificaba con la naturaleza. Había maldad en el estereotipo, que pertenecía a la economía de la miseria femenina, pero una vez reconocida y disfrutada la indecible suerte de nacer mujer (Luisa Muraro), puedo decir que en esto nos equivocamos: habíamos olvidado, al menos las emancipadas de entonces, que la naturaleza y lo sobrenatural coinciden. Coinciden, por ejemplo, en la genealogía femenina y materna, sea una madre o no lo sea, porque ella es siempre hija, y coinciden en la política de la práctica de la relación dual. A mí lo básico de esta idea me lo enseñó el curso pasado una alumna del Máster online en Estudios de la Diferencia Sexual del Centre de Recerca Duoda (UB), Adriana Alonso Sámano, que escribió en un ejercicio: “para mí, la naturaleza existe en tanto que experiencia femenina”. Es verdad que cuando le pedí que ampliara la idea en un artículo, se asustó, como le pasa a una mujer que se da cuenta de la enormidad de lo que tiene que ser dicho por ella, y teme y tiembla. Tal vez ahora, ante el pánico del presente, le resulte más fácil y se abra camino su palabra, porque la ciencia como pretendida garante de lo simbólico ha quedado en suspenso.

La experiencia del coronavirus es, como toda experiencia humana, sexuada. No sé si las mujeres la estamos diciendo mucho o poco en nuestros propios términos. La que yo estoy viviendo, autorrecluida en casa, es esta: la naturaleza existe en tanto que experiencia femenina e incluye lo sobrenatural, lo que está por significar en lengua materna sin caer en la antinomia o falsa alternativa natural / sobrenatural, lo que quedará siempre por significar en la genealogía materna de la vida y la existencia, siempre nueva.

(13/3/2020)

Universitat de Barcelona
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