Ciro Llueca
Director de Biblioteca y Recursos de Aprendizaje
Universitat Oberta de Catalunya (UOC)
Evans, Gwen; Schonfeld, Roger C. (2020). It’s not what libraries hold; it’s who libraries serve: seeking a user-centered future for academic libraries. New York: Ithaka S+R. Disponible en: <https://doi.org/10.18665/sr.312608>. [Consulta: 22/05/2020].
Nos hemos referido anteriormente a los trabajos de Ithaka, una organización estadounidense sin ánimo de lucro que se dedica, entre otras cosas, a dar soporte estratégico y de investigación a la comunidad académica1. Un común denominador en estos informes es su determinación por dar voz a los usuarios de los servicios bibliotecarios, por encima de otros factores.
En el presente caso, el análisis se centra en OhioLINK, un consorcio con 117 bibliotecas de educación superior de diversa tipología, impulsado en 1987 por el estado de Ohio (EE. UU.) con el objetivo de crear un catálogo colectivo «as expeditiously as possible». Superado con creces el encargo inicial, en la actualidad es un referente de cooperación bibliotecaria, siquiera por la heterogeneidad de sus miembros: bibliotecas universitarias, hospitalarias, de institutos, centros de documentación especializados, todos a una.

¿Cómo conseguir que las principales bibliotecas universitarias de Estados Unidos y Canadá, y algunos otros grandes centros con recursos de información pública de esos países, aumenten la visibilidad de sus colecciones, de sus actividades y de sus investigadores? ¿Y, cómo compartir esfuerzos para aprovechar su experiencia describiendo esos contenidos? Responder, entre otras, a estas dos preguntas fue lo que llevó a la Association of Research Libraries (ARL) a unir sus fuerzas con una de las iniciativas de difusión de conocimiento colaborativo más conocidas del mundo: la Wikimedia Foundation, organización responsable de la Wikipedia.
La Ciencia Abierta se guía por tres principios rectores: apertura (disponibilidad de datos y de publicaciones para uso y reuso), transparencia (de todos los procesos, sean el de investigación o las etapas editoriales y publicación, incluidas las inversiones financieras) y reproducibilidad (permite evaluar la calidad de la investigación porque los datos son abiertos). Esto quiere decir que la investigación pública debe permitir el uso y reuso de datos y publicaciones, que todo el proceso tiene que ser transparente para verificar su integridad, que no deben existir sesgos políticos y que se debe evitar el malbaratamiento de recursos en investigaciones sin datos abiertos y, por tanto, no reproducibles. Todos los agentes implicados, ya sean investigadores, financiadores, editores, revisores, etc. deben estar comprometidos con estos principios que rigen el funcionamiento del sistema de comunicación científica.
