Lluís Anglada
Director de l’Àrea de Ciència Oberta
Consorci de Serveis Universitaris de Catalunya (CSUC)
Fyfe, Aileen; Coate, Kelly; Curry, Stephen; Lawson, Stuart; Moxham, Noah; Røstvik, Camilla Mørk (2017). Untangling academic publishing: a history of the relationship between commercial interests, academic prestige and the circulation of research. [S.l.]: Zenodo. 23 p. Disponible en: http://doi.org/10.5281/zenodo.546100 . [Consulta: 17/09/17].

La novela de Mario Vargas Llosa, Conversación en La Catedral, empieza con el protagonista preguntándose: «¿En qué momento se jodió el Perú?»1. El informe que reseñamos podía haber empezado de forma similar2, preguntándose cuándo ‘se jodió’ lo nuestro, las revistas científicas y académicas, en este caso.
El paso al digital ha impactado de forma disruptiva en el mercado de los contenidos (libros, revistas, películas) donde las empresas comerciales líderes en el mercado de lo analógico han tenido que dejar paso a nuevas alternativas para el consumo, iniciativas estas conducidas o por nuevas formas de acceso o por nuevas empresas. No ha pasado lo mismo en el mercado de la comunicación científica donde, después de algunas compras y fusiones, cinco editoriales comerciales (las big five), a las que hay que sumar no más de 30 sociedades científicas, publican la mayoría de las revistas que ‘cuentan’ (es decir, las incluidas en los índices de Web of Science o de SCOPUS).

De informes y de estadísticas en torno al libro se publican regularmente diversos, y están dedicados a aspectos diferentes (producción, comercio interior y exterior, hábitos de lectura...) y a tipos de obras diferentes (libro universitario, infantil y juvenil, cómic...). Sus productores son normalmente los organismos de la Administración o del sector que disponen de los datos.
Con un título sugerente y ambicioso, el año pasado Libraries Taskforce, la agencia gubernamental inglesa de la que forma parte CILIP (Chartered Institute of Library and Information Professionals), publicó un informe con el objetivo de ayudar a las bibliotecas públicas proponiendo líneas de trabajo, recogiendo buenas prácticas y comprometiendo al Gobierno a apoyar a las bibliotecas para que puedan satisfacer mejor las necesidades de la comunidad local y, al mismo tiempo, fortalecer su imagen.
