Introducción
Las relaciones de diferencia: una necesidad política
El intercambio entre mujeres y hombres es una cosa corriente. Se da siempre, en el trabajo, en casa, en el mercado, en el autobús, en la escalera, en una fiesta... Más allá de los fines inmediatos y concretos de este intercambio -la cortesía, la diversión, la convivencia, el cuidado...- está la búsqueda de entendimiento. Las mujeres buscan sobretodo entenderse, también con los hombres, sabiendo que, por otro lado, el malentendido es muy frecuente en la convivencia humana. Por eso siguen acogiendo las relaciones con ellos, aun a sabiendas de su dificultad. Otras con más deseo, placer y curiosidad; algunas con franca desazón e incluso hastío, lo que las lleva a reducirlas a la mínima expresión.Pero el encuentro es inevitable, porque el mundo es de mujeres y hombres. Y son ellos y ellas, con su compromiso los que hacen civil la civilización y humana la humanidad 1. El entendimiento entre hombres y mujeres es el fundamento de la vida política y tiene como horizonte, como nos recuerda María-Milagros Rivera Garretas 2, el amor y la carencia.
Mientras que para algunas el entendimiento és un anhelo de encuentro con el otro, para otras se convierte en el paseo más o menos placentero de la relación, donde sale a tomar el sol, aunque no está libre del capricho de la meteorología. Los caminos por los que transita el entendimiento són múltiples: la lengua, la cabeza, el corazón, el cuerpo, el simbólico... Las formas que adquiere dependen mucho de sus protagonistas. Se despliega en relaciones y creaciones concretas, en las que se recrea. Algunas han perdurado en el tiempo y se han hecho un lugar entre nosotros y nosotras. Podemos seguir su rastro y verlas irradiando su luz a través del arte, de la literatura, de la historia, de un proyecto concreto en cuya genealogía reconocemos el intercambio. Nos llegan, por ejemplo, narraciones de ese entendimiento, a través del texto de un autor o de una autora, o de sus biógrafos, o de historiadoras... También podemos leerlo en fuentes directas: textos escritos a dos manos por un hombre y una mujer, cartas, entrevistas, textos en los que él y ella escriben separadamente sobre un tema común en el que se reconocen mútua autoridad, los retratos que hacen unos de otras...
El entendimiento, el intercambio fructífero, no está aislado del mundo: se da en el mundo real, en un contexto concreto. La política sexual es el fundamento de la política. Es la estructura histórica básica de cualquier comunidad humana, lo cual quiere decir que varía en cada contexto histórico.
María-Milagros Rivera Garretas ha definido la política sexual como las relaciones de los sexos y entre los sexos 3. Las primeras hacen referencia a los modos en que las mujeres y los hombres nos relacionamos con el hecho de haber nacido mujer u hombre, es decir con la diferencia sexual. La relación entre los sexos las constituyen en cambio, las relaciones que entablan una mujer con un hombre y viceversa, con fines determinados. La distinción es necesaria pero no excluyente, es decir que las dos estan interconectadas porque somos hombres y mujeres viviendo en un solo mundo. Y, por ejemplo, depende de cómo viva mi ser mujer que entablaré mis relaciones con otras y con otros.
Ella define tres teorías de la política sexual 4. Una de ellas, la teoría de la complementariedad de los sexos, dice que las mujeres y los hombres somos diferentes y que complementamos la criatura humana –no que nos complementamos entre sí-. Otra, la polaridad de los sexos entiende que hombres y mujeres somos diferentes y que los hombres son superiores a las mujeres. Finalmente, la teoría de la unidad de los sexos dice que hombres y mujeres somos iguales, sin atender a la diferenciación sexual. Está claro que la experiencia de cada hombre y de cada mujer, y también las relaciones entre ellos, serán muy diferentes, dependiendo del contexto histórico en el que les ha tocado vivir y que, de alguna manera explicita una de las tres maneras de entender la política sexual. Por ejemplo, en nuestros días, donde la igualdad es el marco teórico comunmente aceptado, también avalado por las instituciones, la tensión en las relaciones entre mujeres y hombres está servida, ya que se niega la experiencia sexuada de cada una, de cada uno, hecha de realidades y de deseos. La experiencia dice que hombres y mujeres somos diferentes, pero la teoría (las leyes, la interpretación de las estadísticas, la lectura sociológica al uso...) niega esta diferencia. Y eso nos confunde, y también produce malestar y dolor en las vidas concretas. Algunas y algunos continúan en la confusión cuando intentan que el derecho acuda en su ayuda... Y sólo algunas lo consiguen, cuando encuentran el abogado o la abogada, o ese juez o jueza, que sabe interpretar esta confusión y su malestar y esté en su mano restablecer algo de orden. Del orden materno, hecho de relaciones, de palabras y de amor.
También en otras épocas, las formas del intercambio se adaptaban a las vidas de sus protagonistas. Ellas y ellos tomaban de su alrededor la realidad disponible y la convertían en algo nuevo orientado por el deseo. Por ejemplo, la conversación preciosa que desplegaron maravillosamente en la Francia de los siglos XVII y XVIII es la invención práctica de unos hombres y mujeres para los que el entendimiento entre los sexos ocupaba el lugar central. Los salones se convirtieron en un espacio donde la diferencia resultaba imprescindible para la cultura mundana: “La caballerosidad, la galantería y la honnêteté eran, en efecto, ideales imposibles fuera de un profundo entendimiento entre los sexos. La nobleza y la elegancia del modelo de vida aristocrático francés nacían de un desafío conjunto. Orgullosos de sus diferencias, satisfechos de sus distintas experiencias, hombres y mujeres se unieron por la misma pasión por la vida de sociedad. Por ella se mostraron dispuestos a sacrificar los sentimientos individuales más violentos, a veces, incluso las aspiraciones más profundas, y recibieron a cambio, derecho de ciudadanía en un mundo de placer, de diversión, de distracción. Un mundo de afines, donde la belleza y el valor volvían a asociarse y donde las únicas leyes que inspiraban respeto eran las que dictaba el entendimiento común” 5. En efecto, como reconoce Montaigne 6 “Sólo frecuentando a las damas se consigue ese aire de mundo, esa politesse que ningún consejo ni ninguna lectura pueden dar”
Benedetta Craveri nos ofrece un retrato precioso de esta conversación, y nos muestra cómo, surgida al margen de las instituciones políticas, irradia a éstas su espíritu más genuinamente político. Y cómo, todavía hoy, la reconocemos, la añoramos y la deseamos:
“Nacida como un puro entretenimiento, como un juego destinado a la distracción y al placer recíproco, la conversación obedecía a leyes severas que garantizaban la armonía en un plano de perfecta igualdad. Eran leyes de claridad, de mesura, de elegancia, de respeto por el amor propio ajeno. El talento para escuchar era más apreciado que el talento para hablar, y una exquisita cortesía frenaba la vehemencia e impedía el enfrentamiento verbal.”
Elevada pronto al estatus de rito central de la sociabilidad mundana, alimentada de literatura, curiosa de todo, la conversación se fue abriendo progresivamente a la introspección, a la historia, a la reflexión filosófica y científica, a la evaluación de las ideas. Y dado que Francia no estaba dotada de un sistema representativo ni de un espacio institucional donde la sociedad civil pudiese manifestar sus opiniones, la conversación mundana se convirtió en un lugar de debate intelectual y político, en la única ágora a disposición de la sociedad civil. Durante la Revolución, los representates de la nobleza que se sentaban en los bancos de la Asamblea Constituyente se siguieron distinguiendo por su tono sosegado y por su capacidad de mediación, una capacidad que había hecho célebre a la diplomacia francesa del Antiguo Régimen.
Este ideal de conversación, que sabe conjugar la ligereza con la profundidad, la elegancia con el placer, la búsqueda de la verdad con la tolerancia y con el respeto de la opinión ajena, no ha dejado de atraernos nunca.
7 El deseo de entendimiento, de intercambio, aprovecha todos los resquicios. En un contexto bien diferente, de aparente encierro, Teresa y otras monjas enclaustradas, se dedicaban también al estímulo y desarrollo de la vida intelectual. Eran, en su mayoría, mujeres cultas que combinaban la educación que recibieron con su experiencia y la articulaban en sus escritos. Sabían latín, componían y tocaban música, escribían poesía y obras espirituales, traducían palabras sagradas, y muchas fueron también colaboradoras de importantes hombres de iglesia. Intercambio que fue posible, porque las superioras de los conventos veían a estos hombres como colegas y también, porque ellos, les otorgaron autoridad a ellas 8. Sólo hace falta recordar los elogios del cardenal Quiroga, inquisidor general, sobre el Libro de la Vida de Teresa... y el hecho de que aunque no se lo devuelva -es suficientemente bueno y peligroso- no lo destruye ni la destruye a ella. O, al final de su vida, su encuentro y relación con el sacerdote Pedro Castro, que no quería confesar a nadie pero que había dicho en diferentes momentos que le gustaría ser el confesor de Teresa. O sus cartas con Gracián, en las que de forma cariñosa le va recordando cuál es la mejor manera de obrar para que no se deje llevar por sus impulsos. O su mediación epistolar entre Gracián y San Juan de la Cruz, que tenían modos muy diferentes de ver el mundo y de actuar pero que estaban condenados a entenderse y trabajar juntos en la orden. Participaron también en argumentaciones teológicas, como la cuestión sobre la Inmaculada en la que participó Cecilia del Nacimiento 9. Y de una manera más informal, la que generó Teresa, cuando, tras unas palabras que le dijo la "voz", le envió a su hermano una frase para que reflexionara: “A raíz de esto, Lorenzo había convocado una reunión de amigos para discutir juntos aquella frase, en el locutorio de San José, una reunión en la que participaron, además de las monjas del convento, Francisco de Salcedo, San Juan de la Cruz y Julián de Ávila. Después, el obispo Álvaro de Mendoza aconsejó que se mandasen todas las respuestas a Teresa para que ella hiciese una crítica. Y Teresa, aunque tuviera la cabeza confusa y pesada que casi no conseguía leer aquellas páginas, pudo, sin embargo, escribir una réplica divertida, tan divertida a sus propios ojos que le envió el texto a María de San José , la otra monja literata del Carmelo femenino descalzo.” 10. Aquí puede verse la importancia de la relación que se crea entre hombres y mujeres, de dentro y de fuera de la comunidad y de la iglesia, y también que pertenencen a diferentes jerarquías y estatus -¡sobretodo si incluímos la voz de Dios, que inicia la cadena!- a partir de la figura de autoridad que es Teresa para todos. Relación de autoridad que reconoce ella a su vez en otra escritora, María de San José . La espontaneidad que se desprende de todo este hacer. El tono informal de la réplica de Teresa. El gusto que comparten por tejer juntas palabras, que se convierte en lo único que necesitan para entenderse: las ganas de hacerlo.
Este libro es un encargo; cuatro mujeres hemos asumido su cuidado a partir de la confianza que otras han depositado en nosotras y del deseo que nos despertó a raiz de su petición. No ha sido una gestación fácil; su escritura ha sacudido nuestras vidas cotidianas, porque nos ha obligado a mirar y a decir, removiendo cuestiones pendientes o despertándonos a otras que todavía no sabíamos ver. Y que están pegadas a nuestra piel y a nuestro corazón, mezclándose con nuestro vivir, trenzadas en las relaciones que mantenemos con otras, con otros. Todo esto que ha surgido en nosotras, necesitará del tiempo y de las palabras para que cada una pueda proseguir a su manera.
Hemos leído y releído los textos de algunos hombres, para seleccionarlos, prologarlos y publicarlos. No son unos escritos cualesquiera. En su origen ya estaba la relación puesto que otras mujeres habían invitado a sus autores a escribirlos, acompañándolos a veces durante su elaboración. Otras –o las mismas- los habían escogido también para publicarlos. Y otras más los habían cuidado para su edición. De esta cadena de encuentros, nacieron relaciones nuevas que continúan, o no, en diversas formas, según el deseo y la inventiva de sus protagonistas, de ellos, de ellas. Hemos intentado recoger la historia de estos encuentros y sus itinerarios, en un deseo de seguir la pista de la relación original que fue la matriz del texto.
Pudiera parecer fácil el trabajo. Pero no lo ha sido. Para empezar leímos los textos y en un primer momento fue surgiendo, sin proponérnoslo, una especie de muestrario: qué dicen los hombres de cine, de política, de filosofía, de economía... Seguramente porque no queríamos dejar ninguno afuera. Pero nos costaba porque no nos gustaban todos; algunos nos aburrían, con otros sucedía que preferíamos autoras que nos hablaban de lo mismo con más claridad, y a otros, sencillamente, no los entendíamos, su lenguaje estaba demasiado alejado de nosotras.
Pero no desistimos, una especie de energía nos insistía, nos llamaba a continuar. En un movimiento contrario, no sabíamos qué decir: ¿Acaso sus palabras no deberían bastar para mostrar sus intenciones? ¿Por qué no son suficientes? ¿Qué es lo que debemos añadir?
El nudo se deshizo al recordar el título de la colección "Autoras y autores en relación de intercambio". Nos llevó a formularnos una pregunta ¿qué és lo que nos gustaría encontrar en los textos, a cada una?. Entonces escogimos aquellos que nos gustaban más, y los agrupamos bajo dos palabras (el título de cada capítulo) que resumían la cuestión que se nos antojaba interesante para cada una. Así nació la manera en que las autoras y los autores se pusieron en relación; enhebrando los textos de ellos, con el hilo de nuestro deseo y nuestro interés.
De esta manera es como cayó el mostruario de autores y surgió una antología de textos escogidos. Y pudimos por fin empezar a trabajar, dialogando con ellos, cada una a nuestra manera.
Los textos que os ofrecemos seguidamente están extraídos de la revista Duoda, y de los libros Buenas noticias de la escuela y Enseñar, una experiencia amorosa. Agradecemos a Sabina Editorial, las facilidades para su publicación.





