Ganar su confianza, de Eustaquio Macías
Antes de entrar en la experiencia docente, os narraré algo que me marcó definitivamente. Decidí emanciparme y, aunque había cocinado bastante y tenía muchos libros de cocina, quise aprender cómo mi madre hacía cada guiso. A lo largo de varios meses y, aprovechando que tenía horario de tarde, me acerqué a su cocina cada mediodía para traducir y plasmar en papel sus conocimientos.—¿Mamá, cómo haces las lentejas?
Ella me decía: las echo en remojo la noche antes.
—¿Qué cantidad? ¡Un "puñao" por cabeza! —me contestaba.
—¡Coge un "puñao"! Ella lo cogía y yo lo medía (100 gr)
—¿Cuánta sal le pones?, -¡yo le echo un "puñaíto"!
—¡Cógelo! Y yo lo objetivaba y traducía: una cucharada de postre rasa.
Este proceso lo hice con casi todas sus recetas. Ahora, que mi madre ya no está, mis hermanos y hermanas me piden que les haga las comidas de mamá.
Traducir su habla andaluza a conceptos, cantidades, tiempos, haciendo un texto comprensible, sin la jerga de los libros de cocina, fue una experiencia enriquecedora. Fue un reto y aprendí que el lenguaje debe ser funcional y adaptado al entorno. Que la eficacia no depende de lo complejo del léxico, sino de la comunicación. Ella daba por sentado que un "puñao" era una medida, que el tiempo es hasta que estén tiernas o que en su punto es un concepto objetivo. Y lo son, porque es el saber de la experiencia, el lenguaje oral y los códigos sobreentendidos que se han transmitido de generación en generación, de abuelas a madres, de madres a hijas y ahora también a su hijo. Diré que este acercamiento fue acogido con desconcierto y sorpresa primero, y con orgullo y complicidad después, y creo que contribuyó, posteriormente, cuando mi madre perdió visión y agilidad, para que mi padre se convirtiese en las manos de mi madre en la cocina.
De mi experiencia docente diré que para sacar adelante al alumnado de Garantía Social tengo que valorarlos y aceptarlos como son, mostrándoles afecto. [...] Sin esto no puedo crear un buen ambiente de trabajo, de respeto mutuo, de crecimiento personal, de alegría, tolerancia y solidaridad. Es difícil, requiere esfuerzo, dedicación, paciencia, pero no es imposible; aunque no lo consiga con cada alumno y alumna en la misma medida, lo sigo intentando, procuro conocer sus inquietudes, sus intereses, problemas personales, familiares, sociales... y de ese modo comprender sus actitudes y comportamientos, que la mayoría de las veces son llamadas desesperadas de atención o ayuda, ya que necesitan que les escuche y responda, y a veces que les revele las claves de aquello que no entienden. Trabajo con el convencimiento de que mi actitud debe encaminarse a merecer y ganar su confianza.
Eustaquio Macías Silva, jefe de estudios y profesor de Garantía Social del Instituto de Educación Secundaria Juan de la Cierva de Madrid.





