La práctica de la relación entre hombres, de Fernando Rodríguez Morón; Jesús Manuel Morala Maristegui; Javier Serna Fernández; Carlos Peón Víllora y Juan Cantonero Falero
Escribir este texto, que supone la presentación en DUODA de nuestro "grupo de hombres", ha sido muy complejo porque en él hemos tratado de conjugar los deseos de todos nosotros. Gracias a la propuesta que nos regaló Remei Arnaus, cada uno de los cinco – Fernando, Javi, Manolo, Carlos y Juan- se dispuso a redactar "la pequeña historia" de nuestro grupo, que surgió hace un año. Hemos frecuentado en ese proceso de narración tanto el peligro de la abstracción como la dificultad de partir de nosotros mismos, pero, curiosamente, en las reuniones para confeccionar el escrito conjunto nos hemos mostrado más que en otras ocasiones. Hemos apreciado, incluso, el conflicto de sentirnos nombrados o no en los textos de los demás, así como la dificultad de reconocernos autoridad y de relacionarnos entre nosotros. Este proceso de pensarnos como grupo nos está sirviendo para darnos cuenta de que estamos en el comienzo.En nuestro recorrido como grupo nos hemos ocupado más, en un principio, de sacar a la luz las cosas comunes, con las que todos nos identificamos, que de la riqueza de la alteridad, sin reconocer, por tanto, los lugares dispares desde los que cada uno es hombre. Bien es cierto que nos unen muchas cosas que nos hacen permanecer juntos en el grupo. Nos une y nos unió Entredós, un espacio político de mujeres y donde, gracias a ellas -Tania, Graciela, Noemí, Laura-, conseguimos unir nuestros deseos, propiciados también por una primera conversación entre Fernando y Javi, de crear un grupo de hombres. Pero ¿para que queríamos un grupo de hombres? Al reconocer el orden simbólico de la madre aprendido en Entredós y acoger aquello que nos enseñaban las mujeres, tuvimos la necesidad y el deseo vital de un cambio en nosotros y en nuestras relaciones. Algunos de nosotros sentíamos que algo no funcionaba bien en nuestras relaciones con las mujeres. Otros necesitábamos que mediara en nuestras relaciones con hombres lo que aprendemos de las mujeres, como el sentido de libertad relacional y de autoridad femenina. Y otros queríamos dar y recibir medida para encontrar las palabras que nombren nuestras experiencias masculinas.
Nuestra primera reunión nos llevó a plantearnos qué entendemos por ser hombre y por masculinidad y como pensarnos desde fuera del patriarcado. En este proceso encontramos muchos interrogantes que siguen gravitando en nuestras reuniones. Para el siguiente encuentro decidimos leer o releer Mujeres en relación, de Milagros Rivera, donde encontramos "herramientas" para empezar a trabajar. La primera de ellas, y la más necesaria, es aprender a partir de nosotros mismos y abandonar la abstracción para resignificar nuestra experiencia. Ese ponernos en juego no es nada fácil y ha ido tomando forma al hilo de las reuniones posteriores, durante las cuales hemos hablado de lo patriarcal que aún conservamos, de la violencia, de la sexualidad, de la relación con nuestra madre ..., temas que no hemos tratado en profundidad, pero que han sido la excusa para aprender a hablar de nosotros mismos, deshaciendo silencios. Estamos contentos de disfrutar al hablar, de generar relaciones de confianza y autoridad entre hombres, y de apreciar que algo importante está sucediendo en nuestras vidas, algo que nos puede transformar en mejores personas y que permite intuir un sentido libre de ser hombre, para nombrarnos dentro del orden simbólico de la madre. Necesitamos realizar esta práctica política para transformar nuestra vida en relación con hombres y con mujeres. ¿Podemos nosotros, como hombres, contribuir al orden simbólico amoroso de la madre? Ése es nuestro deseo.





