El simbólico materna y la lengua de signos. La palabra en el cuerpo, la palabra en nuestras manos, de Carlos Peón (amb Noemí Benarroch)
En primer lugar queremos agradecer a Duoda y al espacio Entredós (este texto tiene su origen en una propuesta de Tania R. Manglano) la oportunidad de ponernos en juego obedeciéndonos cuando nuestro cuerpo nos pide que nuestra práctica de la relación con personas sordas se haga pública.Nuestro trabajo consiste en interpretar a personas sordas en diversos ámbitos de la vida cotidiana (consultas médicas, juicios, comisarías, reuniones vecinales, conferencias, ámbito educativo, etc.). 1 Se nos hace necesario reconocer que este saber de la experiencia viene del trabajo con esta comunidad, sin el cual no habríamos podido acceder a esta sabiduría.
Sobre nuestro modo de hacer, queremos señalar que aunque este texto está escrito en relación, hay experiencias que se han vivido individualmente y no queremos perder esa riqueza, de modo que, como en un diálogo, habrá partes individuales. Otras partes son comunes (aparecen en letra cursiva) aunque vividas desde la singularidad y desde nuestra diferencia sexual puesta en relación. Este conocimiento que nace de nuestra experiencia lo hemos ido descubriendo en relación.
Noemí- Lo primero que me planteo para nombrar mi experiencia es por qué he empezado en este mundo de las personas sordas. Lo cierto es que lo he pensado muchas veces y siempre llego a la misma conclusión: por azar. Por azar soy también mujer y gracias a ese azar he descubierto muchas cosas sobre mi, gracias a otras mujeres. Cierto es que es azar pero está en íntima relación con mi ser mujer ya que el ámbito de la discapacidad en el que me encontraba antes de empezar en esto, ya que soy maestra de Educación Especial, es un ámbito amoroso, lleno de mujeres y lleno de cuidado y también de cosas negativas, por que no decirlo. Una amiga, una mujer, me propuso que fuéramos juntas a aprender Lengua de Signos y yo, sinceramente, nunca me había planteado lo que significaba ser persona sorda, pero me fié del deseo de otra. Y así fue como me fui adentrando en este mundo en el que he descubierto otro simbólico, otra palabra y otra relación de si con el cuerpo.
A partir de mi trabajo como intérprete empecé a pensar sobre la diferencia. En la práctica se hacía evidente que las personas sordas actuaban de manera diferente a las oyentes. Esta reflexión me hizo estar mucho más abierta a mi propia escucha y a la escucha del feminismo de la diferencia; sabía, intuía la apertura que fluye del hecho de nombrar la diferencia. Se podría decir que de la diferencia ajena llegué a mi propia diferencia.
Carlos- Noemí me ha hecho preguntarme continuamente sobre cómo he vivido el trabajo de interpretación y su vinculación a la vivencia de mi ser hombre. Pensando en esto, siento que mi manera de relacionarme con la diferencia sexual femenina me ha transformado y me transforma la vida, me ha movido por dentro. He aprendido y sigo aprendiendo mucho de las palabras de muchas mujeres de Entredós. No puedo, sin embargo, hacer una traducción o interpretación directa de sus palabras, sino transformada desde mí ser hombre. A partir de ahí, es necesario hacer el corte de la diferencia sexual masculina. ahí hay un salto simbólico. En este salto me ha guiado Noemí, Graciela Hernández Moralesy otras mujeres y también los hombres del grupo nacido de Entredós. Me pregunto (me hizo preguntármelo Noemí) si el hecho en sí de la interpretación me ha ayudado a entender que las palabras de las mujeres, cuando las hago pasar por mí, también han experimentado un proceso de interpretación desde mi diferencia sexual masculina. En este salto en el que entiendo las palabras desde mi ser hombre hay una "traducción" y es ésta la que se puede comparar o asemejar con lo que pasa en la interpretación a personas sordas. Esto me ayuda a entender en profundidad mi trabajo y mi ser hombre, y me abre la posibilidad de trabajar teniendo en cuenta mi cuerpo.
Noemí- En este trabajo, además de ser condición indispensable llevar mí más -aunque no lo fuera lo llevaría igualmente- el trabajo en sí tiene un aspecto relacional tan absoluto que para mi el propio trabajo tiene un más. Digo esto porque requiere relación y autoridad. Yo necesito que me reconozcan autoridad cuando trabajo porque si no, no es efectivo. De hecho, en una ocasión, una mujer sorda no me reconocía autoridad y eso le llevó a no creerme, pensaba que la estaba ocultando la verdad y yo noté que mi trabajo no había servido. Además, las personas sordas deciden, en ocasiones, quién quieren que les interprete, lo que para mí significa un reconocimiento de autoridad. Recuerdo a una mujer sorda que pedía que fuera yo porque le interpretaba lo que pasaba en las salas de espera y a ella le gustaba que le aportara eso que pasaba en el mundo durante ese pequeño rato en que estábamos juntas. Además de establecerse una relación de autoridad, la relación que nace en la interpretación es una relación fundamentalmente dispar, tal como dice Tania R. Manglano sobre la relación terapéutica en el primer libro de Sofías. 2
También he descubierto un negativo que abre la relación. En mi trabajo tengo la "obligación de la relación" y esto, si es impuesto, no es positivo, pero de esta "obligatoriedad y con la libertad que me da poner en el centro mi deseo, yo puedo tirar y construir una relación mas profunda con esa persona o no, ya que se me brinda la oportunidad de conocerla. En muchas ocasiones he seguido relacionándome con las mujeres sordas a las que he interpretado las preparaciones al parto porque hemos experimentado un vinculo especial; no por casualidad pasa en ese justo contexto en el que comparten conmigo un acontecimiento grande que se acerca como es el de ser madre encarnada.
En este trabajo, que es más que un trabajo, es una pasión, te tienes que abrir a la relación y creemos que es necesario sentir el vínculo, y como dice Nieves Blanco en el primer libro de Sofías respecto a la educación: “la educación no solo es estar allí, sino estar en relación, desear crear un vínculo…” (página 115). Esto vivimos en la interpretación. El trabajo de la interpretación nunca puede ser solitario, implica entrar en relación, no sólo estar ahí, e implica entrar en relación también con las intenciones y los afectos de otra o de otro (la persona oyente), en una escucha fina, pura, dando y dejándose dar en la relación de intercambio.
Además de esto, a veces entramos en relación con sus madres; la mayoría oyentes. Cuando esto pasa hay algo que añade una experiencia diferente en relación a esa persona sorda que ya conocíamos. Hay algo que cambia, conocer a sus madres transforma en ocasiones la relación, sentimos el vínculo de otra manera.
Noemí- La relación con personas sordas me ha aportado cosas en todos los ámbitos de mi vida y me ha ayudado a crecer y a ser mejor, o lo que yo considero que es mejor para mi. Son una mediación que me ayuda a ser libre y me doy cuenta todos los días y sobre todo cuando me acuerdo del tiempo en que no era libre, porque no encontraba la mediación necesaria ni sabía que había que buscarla.
Otro aspecto bonito que nos ha enseñado la comunidad sorda es la importancia de la relación con las y los semejantes. Ellas quieren que vayan intérpretes mujeres porque se sienten más cómodas en situaciones de violencia, consultas de psicología, preparación de un juicio de divorcio, consultas de ginecología, cursos de preparación al parto, donde prefieren una intérprete porque conoce su lengua y porque es mujer. Los hombres también lo hacen cuando implica una situación que prefieren compartir con un hombre. Este hecho forma parte de su simbólico; están muy abiertas y abiertos a las relaciones sólo entre mujeres y sólo entre hombres, comprenden que es necesario o al menos lo reciben bien.
También hemos podido ver cómo se relacionan las personas sordas con las oyentes de su entorno próximo. Es curioso como las personas oyentes cercanas que conocen desde hace tiempo, por ejemplo de su barrio, acceden a la forma de relacionarse de las personas sordas. Se dirigen a las personas sordas con una estructura diferente a la del castellano (adoptando la estructura lingüística de la Lengua de Signos), o hacen bromas más cercanas a lo visual. Es un aprendizaje que nace de la relación y pensamos que hay mucha sabiduría por ambas partes al encontrar algo que compartir y la forma de hacerlo.
Cuando nos relacionamos con personas sordas podemos comunicarnos en un espacio lleno de gente sin que nadie sepa lo que nos decimos, es una experiencia singular. Es como entrar en una magia, en un aparente silencio, un silencio que esta lleno de palabras, de signos, de cuerpo, es una dimension entre silencio y lenguaje y que si y solo si la persona sorda lo decide, lo hace público a través de mí. Yo soy la mediación que lo hace público a través de la palabra y esto fomenta la libertad. Siguiendo la reflexión de Lia Cigarini, la libertad es encontrar mediación y la principal mediación es la palabra, porque la palabra es la mediación que transforma. Las personas sordas requieren nuestra mediación para relacionarse con el mundo oyente. Ser conscientes de esto hace que tengan una apertura a la mediación. Nuestro trabajo es una MEDIACION INTERCULTURAL. No somos solo "puentes de comunicación", como se nos define habitualmente, ni una figura cercana a la ayuda o asistencia.
Interpretando, vivimos la grandeza de disfrutar de la relación y la comunicación. Las personas sordas muestran un enorme placer en la relación cuando conoces su lengua y su cultura. En muchas ocasiones se ha hecho una lectura de su historia desde la carencia pero a través de la relación hemos descubierto un mundo propio creado desde el más de su diferencia, desde su corte simbólico, más allá de la carencia. Han aportado desde su diferencia preciosas “perlas de sabiduría ”, como diría Virginia Woolf.
Buscamos el intercambio, el crecimiento, a través de la comunicación, que la persona sorda acceda a la cultura oyente y que las personas oyentes se acerquen a la cultura sorda, haciendo civilización. Además, en nuestras conversaciones con las personas sordas, si se establece una relación más profunda les damos medida ya que en ocasiones se encuentran entre dos simbólicos diferentes. La experiencia de una persona sorda y de una oyente esta separada por una estructura de pensamiento y de explicación del mundo muy diferente. Preferimos conocer a la persona sorda a la que vamos a interpretar porque en las relaciones de confianza se entienden las miradas, los gustos y hay una complicidad diferente a través del lenguaje del cuerpo, de la comunicación no verbal.
El aspecto del cuidado está presente en este trabajo. Por una parte, si nos preocupamos de que la persona sorda se haya enterado bien, la estamos cuidando y además, cuando buscamos alternativas para que el mensaje llegue fielmente, estamos cuidando la palabra, estamos cuidando que esa información llegue limpia, sin manipular, tal y como es pero de tal manera que la persona sorda la entienda. Esta tarea de cuidado la sentimos claramente cuando debemos buscar un signo para una palabra de reciente creación o cuando explicamos el significado de una palabra que no tiene una correspondencia directa con un signo. En este proceso hay que depurar las palabras, buscando su sentido preciso para que digan lo que es, dándonos cuenta de lo delicado que es el lenguaje.
En muchas ocasiones algunos signos nos han dado luz cuando las palabras se nos han quedado ya viejas o nos confundían, porque se han desgastado por el mal uso o abuso de ellas. A veces los signos nos han aclarado a través de su expresión visual significados originales de algunas palabras. Por ejemplo, existen varios signos para referirse al concepto de "igualdad", distinguiendo entre igualdad de derechos y oportunidades y cosas o personas idénticas.
En otras ocasiones hay signos que nacen del "simbólico sordo" cuyo sentido no tiene correspondencia en el "simbólico oyente". Por ejemplo, hay un signo que recientemente en una investigación acerca de las metáforas en la Lengua de Signos Española, planteaba dificultades a la hora de encontrar su origen. Es el signo "sopa", que quiere decir que algo es muy repetitivo, aburrido, rutinario. Leyendo Un cuarto propio de Virginia Woolfnos sorprendimos cuando dice, al describir una cena: “aquí estaba la sopa. Era una sencilla sopa de caldo. Nada en ella que estimulara la imaginación ... ”. Estas palabras resumen de manera precisa el sentido que las personas sordas le dan al signo "sopa".
Para realizar bien una interpretación a la Lengua de Signos o a la lengua oral nos tenemos que "dejar traspasar". Si no nos dejamos traspasar por lo que pasa, lo bloqueamos y no lo transmitimos, por lo que dejamos de hacer el trabajo bien. Tenemos que entender el mensaje, el tono, el contexto, la ironía, y que pase por nuestro cuerpo para dárselo a la persona sorda, vinculándolo a la experiencia sorda del mundo. En este dejarse traspasar nos hemos encontrado situaciones difíciles por violentas. Hay situaciones de interpretación en las que surge violencia por parte de la persona oyente o de la persona sorda. Nos cuesta muchísimo en ese momento donde todo es muy rápido y nuestra función es transmitir todo el mensaje, ser capaces de manejar la situación. En principio deberíamos transmitir las cosas tal y como pasan pero cuando hay violencia, hay bloqueo, el fluir de las relaciones se rompe, la violencia arrasa la comunicación. No sabemos si estas reacciones del cuerpo son prácticas de paz que intentan mediar o es miedo o rechazo, pero nos causa malestar. Debemos trabajar para que lo negativo no se mezcle y no nos distorsione.
Trabajamos desde lo bello, aunque no sólo desde ahí. Compartimos la sensación de querer embellecer los gestos de nuestras manos, de elegir signos que nos gustan más que otros, y que nuestro cuerpo transmita belleza en el mensaje, para que le llegue a la persona sorda con todo nuestro amor. Esto surge más cuanto mayor es la confianza, cuando nos encontramos más a gusto y cuando percibimos que eso mismo le ocurre a la persona sorda. En bastantes ocasiones transmitimos un dolor o una pena pesada pero, como dice Graciela Hernández Morales, creamos desde ese dolor algo bello, aunque el dolor no se embellezca. Por ello, la interpretación es un arte.
Una de las características de la interpretación simultanea tanto a la Lengua de Signos como hacia las lenguas orales, es "el tiempo de retardo". Este margen de tiempo, que no suele sobrepasar los tres segundos, es el tiempo necesario para captar la idea, recolocarla y hacer el proceso mental necesario para expresarla en la lengua objetivo. En este escaso tiempo podemos acceder a los "vacíos de significados" de ciertos discursos como los de la política segunda en los que se repiten ideas sin puesta en juego en primera persona. Al interpretar hay que acceder al sentido último y esto nos hace darnos cuenta de la pretensión de neutralidad de quien habla, de la práctica del "no partir de sí" de la política de partidos.
Carlos- En mi experiencia como intérprete en la Universidad me he dado cuenta de la falta de claridad y del desorden de muchas explicaciones. Se utiliza un lenguaje que rellena la falta de palabras para decirse en primera persona. Noto la presión de una parte del profesorado que está en lucha, no quiere desnudarse, no quiere mostrarse. Esto dificulta mi trabajo porque choca con mi idea de educación, con mi vínculo y mi deseo de tocar la realidad de la persona sorda a través de mi interpretación.
Al compartir estas experiencias, nos damos cuenta de que este lenguaje abstracto está alejado de la experiencia concreta, no es capaz de nombrarla. La Lengua de Signos está apegada a la realidad, es cercana a la madre. No es posible "transliterar" este lenguaje abstracto a la Lengua de Signos, de manera que se hace necesario aportar ejemplos concretos para tocar la realidad de la persona sorda.
Muchas experiencias de personas sordas están marcadas por la corriente de enseñanza tradicional denominada "oralismo" que es aquella creencia que supone la superioridad de la lengua oral sobre la Lengua de Signos. A su vez, hay corrientes que están "más allá del oralismo" que abogan por un bilingüismo-biculturalismo partiendo del hecho de ser personas sordas y entendiendo que el desarrollo de las capacidades es posible gracias a la Lengua de Signos. Sin embargo, en la corriente oralista hay una clara tendencia a vivir "como si fueran oyentes" que en realidad no oyen, es un sentimiento de "que no se noten que son personas sordas a cualquier precio, entendiendo que la única lengua que puede posibilitar un desarrollo óptimo es la lengua oral. Por nuestra experiencia creemos que la lengua oral no es significativa para las personas sordas, es una lengua que no incluye a las personas sordas, una lengua ajena. Debemos partir del hecho de que las personas sordas no acceden al mundo a través de la palabra oral, no les sirve para simbolizar. Para acceder al mundo, para simbolizar, para hacerse una representación mental necesitan otra lengua. Ahí podemos tocar la importancia del lenguaje y la palabra como mediación con el mundo.
De esta practica oralista que impregnó la historia de la educación, en la que se perseguía el uso publico de la Lengua de Signos, surge un signo que expresa el sentimiento doloroso de muchas y muchos: "loro", que quiere decir que saben leer pero no entienden lo que están diciendo, repiten "como loros" desde la estupefacción. Muchas experiencias de personas sordas nos muestran un dolor que se entiende cuando se tienen palabras para nombrarlo, es decir cuando se tiene la herramienta necesaria que es la Lengua de Signos. Nada mejor que explicarlo a través de experiencias concretas.
Noemí- Una mujer sorda me contaba, poniéndose en juego, como cuando era niña veía a su abuela llorar sin motivo aparente, y ella no lo entendía. Más tarde se enteró de que esas lágrimas eran fruto de la impotencia que sentía la abuela al intentar comunicarse y chocarse continuamente con la diferencia, con el hecho de que su nieta fuera sorda y solo sorda, es decir, únicamente veía eso, una limitación sin poder acceder a la alteridad, a lo otro de ella. Esta misma mujer me contaba que su abuela, al verse incapaz de establecer comunicación alguna con ella, para encargarle comprar huevos y pan la mandaba con un huevo en una mano y una barra de pan en la otra para que en la tienda comprendieran que eran esos productos los que quería. Yo le comente que dentro de la dureza que puede tener ese recuerdo, había que reconocer que era esa la mediación única que su abuela había encontrado y era fruto de la relación; bien es cierto que puede que no fuera la solución idónea, pero era su solución. Algunas personas sordas nos cuentan como transforma la relación el hecho de que alguien de la familia aprenda Lengua de Signos. Dicen que compartiendo la Lengua se dan cuenta de que conocían a sus familiares sólo en un 50%.
Otra mujer sorda, Emmanuelle Laborit, autora del libro El grito de la gaviota, cuenta muchas cosas que ella pensaba cuando era niña en una época en la que en Francia la Lengua de Signos estaba prohibida. Ella cuenta como pensaba que era la única persona sorda en el mundo. Después, tras conocer a otras criaturas sordas, cambió de parecer: si existían personas sordas, pero, al no tener referentes adultos sordos, llegó a pensar que las personas sordas morían a edades tempranas.
Hemos tenido también experiencia con personas sordociegas y es interesante hacer algunas reflexiones. ¿Cómo simbolizan las personas sordociegas? Podemos encontrar respuestas en la magistral película El milagro de Anna Sullivan , que cuenta el proceso de simbolización de una chica sordociega, Hellen Keller. Su maestra, Anna Sullivan, quiere darle las palabras para nombrar el mundo, intentando que comprenda que las cosas tienen nombre. Hellen necesita tocar las cosas porque sólo por el tacto puede acceder a ellas. La maestra le hace tocar las cosas y luego le escribe el nombre en la mano, pero Hellen no encuentra la relación entre ambos momentos. Es en la escena final donde se produce el "darse cuenta", cuando entiende, tras tocar un chorro de agua fresca, que eso se llama "agua", es decir, cuando la palabra toca la realidad; en este caso cuando ella toca el agua. Experimenta una gran emoción porque a partir de aquí ya puede simbolizar: las cosas tienen un nombre y simbolizamos cuando el nombre se corresponde con las cosas. Ahora puede nombrar las cosas y nombrar sus deseos.
¿Qué implicaciones en el simbólico tiene la Lengua de Signos? Como dice Luisa Muraro, en el libro Una revolución inesperada, simbolismo y sentido del trabajo de las mujeres, para saber qué es el simbólico, nos ayuda pensar en el proceso de adquisición de la lengua.
Hay un partir de si implícito en la Lengua de Signos. Cuando se refieren a alguien, por ejemplo, "la madre de la novia de mi amiga" dicen "mi amiga, su novia, su madre". Es decir, parten de sí para ir de lo más cercano a lo más lejano, tomándose como punto de partida. Esto forma parte de la gramática de la Lengua de Signos y tiene implicaciones en el simbólico.
En la Lengua de Signos, la palabra surge y se articula desde el cuerpo. La palabra está en el cuerpo. El cuerpo es un aspecto gramatical de la Lengua de Signos. El cuerpo y la palabra entran en conexión indisoluble. El trabajo con el cuerpo y la palabra son una puesta en juego de los dones maternos. El hecho de que la palabra se articule con y desde el cuerpo (como centro) hace que sea más difícil despegarlo de la experiencia.
Queremos traer aquí la experiencia de una mujer sorda a la que reconocemos autoridad que, comparando sordera y ceguera, explicaba a un hombre sordo como se había sentido en el mundo oyente. Reconocía la grandeza de la cultura sorda sin dejar de nombrar las limitaciones que había sentido ya que como ella decía: "el mundo corriente no está hecho para el cerebro sordo". Hablaba de cómo el cerebro de las personas ciegas se puede llenar de representaciones mentales a través de la palabra oral y de cómo a una persona sorda en el mundo corriente no le bastaba con la presencia de una o un intérprete que tradujera las palabras de la lengua oral la Lengua de Signos, ya que la experiencia estaba contada desde la perspectiva y la forma de ver el mundo de las personas oyentes. Le faltaba que la "voz"proviniera de la experiencia sorda (las personas sordas utilizan el signo "voz" para referirse al origen de una idea). Ella considera de vital importancia la implantación de la figura del o la intérprete en el mayor numero de ámbitos posible, pero esto no garantiza que se le de voz a la experiencia sorda.
La investigación histórica sobre las diferentes Lenguas de Signos, ya que no son universales, nos dice que ésta se creo en la relación entre personas sordas, por su necesidad de nombrar, comunicar a otra persona sus intenciones, su sentido del mundo, en su búsqueda de compartir deseos y relaciones. Surge por la necesidad de traer al mundo nuestros deseos, de traer el mundo al espacio que hay entre tú y yo, ya que la Lengua de Signos es la que da sentido a la experiencia visual del mundo, es la que da a las personas sordas las palabras para decirse. A través de la Lengua de Signos las personas sordas pueden significar, pueden dotar de sentido la experiencia, la realidad, nombrarla y cambiarla, hacer política.
La Lengua de Signos supone una representación del mundo distinta, con referentes visuales (frente a lo auditivo) y el uso del espacio (frente a la concepción del tiempo como parámetro que estructura las lenguas orales).
Partiendo de la situación de las personas sordas que viven en un mundo oyente, y cuando "los aparatos no hablan en Lengua de Signos (la televisión, la radio...)" hay una apertura para que se produzca un darse cuenta" de que solo somos y vamos siendo a través de las relaciones.
Noemí- Me gustaría decir la importancia de haber podido llevar a cabo esta reflexión en relación con Carlos-. He aprendido muchas cosas de él, tanto de su interpretación, que considero de gran calidad, como de sus reflexiones acerca de las personas sordas desde un ser hombre que reconoce autoridad a las mujeres. Ha sido la presencia masculina necesaria para ver luz en algunos hombres. He disfrutado mucho de este otro modo de estar en relación al haber compartido esta puesta en juego que para mí ha sido este texto. Surgieron momentos difíciles pero nos han hecho aprender del conflicto entre dos.
Carlos- Quiero agradecer a Noemí su deseo de compartir conmigo esta reflexión, poniendo a mi lado su libertad para hacerme más libre, de nuevo confiando en mí. He aprendido mucho de ella, desde lo bello y desde lo doloroso. Quedo en deuda con ella por regalarme su medida necesaria y valiente. Agradezco sus semillas, trayendo a nuestra relación la política de las mujeres y otra mirada a lo masculino, manteniendo viva la confianza y la puesta en juego de la diferencia sexual en la relación.





