Autoridad femenina y resignificación masculina. Algunas reflexiones alrededor de la relación entre LouAndreas Salomé y Rainer Maria Rilke, de Carlos Requena Amadas
La propuesta que surge del pensamiento de la diferencia, formulado por mujeres, abre un campo de reflexión muy extenso, aunque desde mi punto de vista, bastante más claro o definible para el sexo femenino que para el masculino. Es cierto que plantea una resignificación del sexo masculino y de su carga cultural, pero no ofrece a priori caminos tan evidentes como en el caso femenino, y yo creo que eso es debido a que es más complicado resignificar un imaginario fundado en el desarraigo, y durante tantos siglos reforzado por el dominio y el poder, que uno fundamentado en la creación, en la vida y en el amor, que además ha sufrido durante siglos la invisibilización. Tal vez podría decir que es más factible visibilizar lo invisibilizado, mostrar lo oculto, que refundar algo excedido, algo sobrecargado, algo en cierto sentido agotado.Tras profundizar en esta cuestión he pensado que tal vez la clave pueda radicar, no tanto en resignificar la masculinidad, sino en dejarnos llevar, los hombres, por la autoridad femenina; en aceptarla. Tengo que reconocer que a mí no me ha costado demasiado, pues ya llevo tiempo inmerso en lecturas de autoras que me han cautivado y demostrado en mi vivencia personal la propuesta que en este artículo trato de compartir. De esa autoridad, que no es fuerza o poder, sino sabiduría y conocimiento, llevo tiempo aprendiendo y dejándome guiar de la mano, por ejemplo, de una beguina del siglo XIII, Margarita Porete, quien a través de su libro El espejo de las almas simples ha posibilitado que vea germinar en mí una semilla de la espiritualidad que guardaba dormida.
Debo decir que todo esto que me sucedió fue gracias a que tuve como profesora de Historia Medieval Universal a Patrícia Martínez Álvarez, quien en la Universidad de Barcelona me permitió acceder a un nuevo punto de vista historiográfico; el de la diferencia sexual, el de la política sexual, el de la relación entre sexos. A partir de ahí inicié un recorrido que me llevó a descubrir a una serie de autoras que me sorprendieron de una manera excepcional y maravillosa; descubrí a Simone Weil, quizá mi mayor referente espiritual e intelectual ahora mismo, con obras como por ejemplo La Gravedad y la Gracia o sus Escritos históricos y políticos, descubrí a Luisa Muraro, leyéndola en El Dios de las mujeres o en el Orden simbólico de la madre , o escuchándola en conferencias, a Luce Irigaray, a Teresa de Ávila. Mujeres increíbles, no mujeres que escriben también cosas interesantes, quiero subrayar esto, sino mujeres excepcionales que, desde mi punto de vista, no tienen símil en el sexo masculino.
Comprendí que la autoridad femenina que yo reconocía en las autoras que os he mencionado era lo que los hombres de forma arrogante ignoramos sistemáticamente y que esa falta de reconocimiento es uno de los problemas que sufrimos los hombres y que nuestra estructura patriarcal recrea. Una autoridad femenina que entiendo que no impide la existencia de otras, no es excluyente ni jerárquicamente superior a ninguna otra, y a la que no veo como sinónimo de poder, de fuerza, de algo que exija obediencia ciega, y que lo más atractivo y trascendental que tiene, ese saber de las mujeres, es que habla desde la capacidad de crear vida, de ser dos, del amor a la alteridad y por lo tanto tiene un potencial enorme en términos de mediar entre la vida y nosotros los hombres. ¿Qué es esa autoridad femenina? ¿Y cúal es su diferencia? Me fundamento en mi experiencia personal, quizá eso es demasiado poco, pero siento de forma clara que las personas de sexo masculino que emanan algo parecido e incontestable en su escritura, algo que se pueda comparar a Margarita Porete, Teresa de Ávila o Simone Weil para mi únicamente son poetas como Federico García Lorca, Salvador Espriu, Miquel Martí i Pol, Miguel Hernández, y ya sé que hablo de géneros absolutamente distintos (ensayo teológico, filosófico y poesía), pero aun y así siento una confluencia en la poesía, aunque también percibo una diferencia esencial: ellas hablan de luz y amor como nadie, y ellos lo hacen de muerte y amor como nadie. Tampoco pongo a las autoras que he mencionado en un lugar de poetas, pienso que son más que poetas, son pensadoras, y filosofan mediante poesía, hacen poesía filosófica, si es que hay alguna poesía que no lo sea, y le dan una luz que yo no sé encontrar en la escritura de los hombres. 1
No sabría explicar mejor estas dos ideas: la del encuentro de luz-vida/amor en escritos femeninos y muerte/amor en masculinos, o la de la idea de la poesía-pensamiento, y quizá debería leer más a María Zambrano para entender la segunda, ya que en su obra insistió en el retorno a la unidad entre poesía y pensamiento, que desde hace tantos siglos nuestra cultura rechaza sistemáticamente, y habló en concreto de un concepto que se aproxima a lo que siento cuando leo a estas mujeres: el conocimiento poético. 2 Creo que en ambos simbólicos habla la lengua materna, y lo que las autoras de las que hablo me aportan es un pensamiento poético inundado de luz. Algo que, como ya he dicho, no soy capaz de encontrar en los escritos de los hombres, aunque nunca hablo en términos absolutos.
El caso es que en la medida en que fui llegando a estas pequeñas conclusiones observé que cuando aparecía un hombre alumbrado por la mística, o con una espiritualidad especial y con una visión política sexual liberadora, siempre parecía haber mujeres que le transmitían su autoridad, que le habían ayudado a crecer. Mi propia experiencia, aunque quizá no tan directa como los ejemplos a los que hago referencia, es similar. Las mujeres me han inspirado (si podemos decirlo así), han mediado para que consiga reforzar mi saber estar y mi sentido de ser. El maestro Eckhart fue inspirado por las beguinas en su interpretación del libre espíritu. 3
San Juan de la Cruz se inspiró en la autoridad de Teresa de Ávila para crecer en su mística y en su poesía. Pienso que eso es porque nadie sabe tanto de creación como la mujer, pues de hecho nos crea cuando nos trae al mundo, y eso explica el por qué algunos grandes creadores han recibido inspiración de grandes mujeres. Ahora bien, no me refiero al efecto "musa" que adolece de reduccionismo y jerarquización de lo masculino sobre lo femenino, sino a la irradiación de la autoridad femenina, que puede ser fundamental para que el hombre también cree.
Por ello decidí profundizar un poco en ello, y guiado por Milagros Rivera, tuve la suerte de encontrar a otra pareja increíble a la cual intento utilizar como ejemplo para enriquecer un poco este texto; Lou Andreas Salomé transmitiendo autoridad femenina, mediando a favor de un poeta elevadísimo; Rainer María Rilke. Tengo que confesar que aunque la historia de Rainer y Louson más accesibles por la disponibilidad de información, por ese mismo hecho se convierten en una dura prueba que me ha obligado a avanzar más allá de mi propuesta sin estar apenas preparado para ello. He escarbado en sus correspondencias, biografías, autobiografías, obras de prosa, ensayos... 4 He podido encontrar pistas sobre mi primer enunciado "la autoridad transmitida" pero también sobre el fracaso y la victoria final del desarraigo como base intencional de la creatividad. Me he preguntado como los hombres superando nuestra idea caduca de masculinidad podríamos recuperar la autoridad femenina que tanto necesitamos para sobrevivir y he mirado hacia las madres, nuestras madres. En Rilke descubro un referente masculino en el pensamiento de la diferencia pero también veo su incapacidad de construir un antídoto con los elementos disponibles. Su madre parece ser un elemento clave que le lastra, pero tal vez porque es incapaz de redimirla, de rescatarla.
“Que en esa pared borrosa y que nada sujeta haya habido una puerta secreta, apenas visible, por la que yo haya venido al mundo”, 5 esa es la terrible definición que en alguna de sus cartas hace Rilke de su madre. De algún modo define su llegada al mundo como un sinsentido, como algo sin nexo.
Difícil va a ser para mí explicar de forma sintética quienes eran los protagonistas pero destacaré aquello que me ha parecido más relacionado con el objeto de este escrito. Lou Andreas Salomé nació en 1861 en San Petersburgo, hija de una familia bien situada, era la única chica de seis hijos aunque dos de sus hermanos mayores ya habían muerto cuando ella nació. Vivió su infancia de forma un tanto especial, con un fuerte sentimiento de soledad que aparentemente no parecía justificado. Fue una mujer que buscó una relación con los hombres de igual a igual, y sobretodo intelectual y espiritual, por norma general infructuosamente, ya que topaba con la ruptura que implica el acercamiento sexual y la manera de entenderlo desde el punto de vista masculino tradicional.
Louse enfrentó a su madre, aunque hay que reconocer que pudo hacerlo porque gozaba de un cierto grado de libertad, y tras conseguir pasaporte, cosa nada fácil en aquellos tiempos para una mujer en cualquier parte, marchó a Zúrich a estudiar. Se movió siempre en círculos de un nivel intelectual elevado intercambiando ideas con personajes como Nietzsche, Freud, Rée o el mismo Rilke. Entre otras cosas fue filósofa, escritora y psicoanalista. Louaunque se enfrentó a su madre y no tenía con ella una relación magnífica, consiguió recuperarla para sí, en cierto modo comprenderla, redimirla y amarla. 6
Lou Andreas Salomé nació en 1875 en Praga y como es bien sabido fue un gran poeta. Era 14 años más joven que Lou. Después de una infancia bastante horrible, que culminó con el desatino de enviarlo con 10 años a una escuela militar, estudió literatura, historia del arte y filosofía en Praga y en Múnich. La espiritualidad de sus poesías es cegadora, y aunque construye en una base de una erudición a veces, difícilmente accesible para mi, son múltiples los trazos que deslumbran por su belleza y su sublimidad, y muchas las lecturas que responden a ese conocimiento poético del que hablaba. Rainer conoció a Lou, en 1897 en Múnich, y tuvieron una relación muy especial, amorosa, sexual, y muy de igual a igual, sin jerarquía. Sería del orden típico del simbólico patriarcal decir que Loufue su musa, como objeto estático que inspira al artista tan sólo por su belleza fulgurante y cosas parecidas. Loutransmitió a Rainer su saber y medió para que encontrara su sentido de ser. También, como es evidente, es cierto que Rainer influyó en ella, y saber exactamente como y cuando Loutransmitió su saber femenino no es una tarea fácil, al menos para mí. Lo que es cierto es que durante el tiempo que estuvo con Louo en el que tuvo una relación más intensa su productividad fue enorme y su consolidación personal destacada. 7 Loutenía habilidades para relacionarse con los hombres de igual a igual y transmitirles su saber, y además Rainer era una persona receptiva y amante de los retos, con una mente muy abierta. Esa abertura fue una de las similitudes que unían a ambas personas, abertura a lo nuevo; “... sólo quien está dispuesto a todo, quien no descarta nada, ni tan solo las cosas mas misteriosas, vivirá la relación con otro como una cosa viva y apurará su propio ser”. 8
O abertura a lo otro, a lo distinto, amor a la alteridad:
“yo soy como la pequeña anémona que vi un día en un jardín de Roma, tan ampliamente abierta durante el día que ya no podía cerrarse de noche.”
Autometáfora con la que se describía Rilke en una carta a Louy a la que ella contestará:
“... pues no se puede hablar de la anémona como lo haces tú sin alguna felicidad. Ciertamente estoy lejos de querer endulzar mis palabras –contigo menos que con cualquiera; tu sabes con qué frecuencia durante los primeros años no paraba de insistirte en que tomaras conciencia de lo "Otro"; pero ahora ocurre como si tu conciencia con respecto a él (lo Otro) fuera mucho más allá de él, se hiciera consciencia de ti en tanto que exclusivamente, de modo que –al contrario que antes– no te ves, no te aceptas, ni te afirmas a ti mismo; pasas simplemente desapercibido para ti mismo y no hay nada que sepas, sino lo "Otro"...” 9
Louinfluyó de una forma muy importante en Rainer, aunque quizá no tanto como hubiera deseado o como hubiera sido necesario para evitar su deriva depresiva. Jugó un papel de consejera, incluso después de la separación de ambos en 1900 , e intentaba mitigar el fuerte sufrimiento que sentía por las relaciones que le unían a los seres humanos, a los que percibía como un obstáculo para su desarrollo artístico.
De forma muy especial, Louplanteaba a Rainer una disposición bisexual que tenía que neutralizar su tendencia al aislamiento, al desarraigo. “Concebía el componente masculino como la posibilidad del artista de guardar la distancia de todo lo físico -actitud que se requiere en la creación intelectual-, expuso también el momento femenino -que consiste en la fuerza de la experiencia creadora del artista-, como garantía para que él preserve el apego a lo femenino-terrenal; como garantía para que se logre un equilibrio entre cuerpo y espíritu, a través de la consagración en el espíritu entre arte y mundo exterior”. 10
En mi opinión parece que la diferencia de simbólicos llevaba a Rainer hacia la creación entendida desde el aislamiento y la no-relación, y a Loua entender esa creación como dependiente de una experiencia terrenal y real, de una experiencia en la relación. Es un ejemplo claro de la deriva que creo que sentimos con frecuencia los hombres y que en este caso Louintentaba equilibrar. Esa transmisión de autoridad femenina por parte de Lou a Rainer algunas veces se materializó aunque otras quizá no llegara a cuajar. Hubo una transmisión y es evidente que Rainer contenía valores relacionados con el simbólico femenino, aunque algunos eran previos, sin embargo quizá en determinados momentos críticos se dejó llevar por el desarraigo.
Además de la influencia de Lou en Rainer, también quería mostrar algo que aunque tal vez no fuera transmitido por Lou, creo que es importante y es la sensibilidad que Rilke tuvo para con la capacidad de engendrar de la mujer y su intento de trasladarla a la masculinidad a través de la creación poética. Algunos de sus escritos reflejan esta proximidad:
“Quizá por encima de todo, como un anhelo común, hay una gran maternidad. La belleza de una chica virgen, un ser (como usted tan bien dice) -que aún no ha completado nada-, es la maternidad que se intuye y se prepara, teme y desea. Y la belleza de una madre es la maternidad hecha servicio, y en la anciana es un gran recuerdo. Y también en el hombre hay maternidad, me parece a mí, corporal e intelectual; su crear es también una forma de engendrar, y es engendrar cuando crea desde la plenitud más íntima. Y quizá los sexos están mucho más cerca de lo que uno piensa, y la gran renovación del mundo pueda consistir en que el hombre y la mujer, liberados de todos los sentimientos erróneos y aversiones, no se buscaran como contrarios, sino como hermanos y vecinos, y se juntaran como personas, para llevar juntos con sencillez, seriedad y paciencia la difícil sexualidad que les ha estado impuesta”. 11
El amor y la importancia de las relaciones, así como su excepcionalidad, eran para el poeta asuntos de máxima relevancia, que también encajan en el pensamiento de la diferencia.
“ Amar de persona a persona: eso es quizá lo más difícil que se nos ha encomendado, lo más extremo, la última prueba, el trabajo para el cual todo trabajo no es más que una preparación”. “Las cuestiones de amor no se pueden resolver de manera pública y según uno u otro acuerdo, menos aún que todo el resto de cosas importantes; que son cuestiones próximas, de persona a persona, que necesitan una respuesta nueva en cada caso, especial, sólo personal...”
La relación que tuvo Loucon Rainer también fue vivida por ella con una intensidad increíble. Loula describe así,
“No se buscaban en nosotros dos mitades: la totalidad sorprendida se reconoció, con un escalofrió, en la increíble totalidad. Y así fuimos hermanos, como de tiempos remotos, antes de que el incesto se tornara sacrilegio”. 12
La figura de Rilke resulta fascinante, en mi caso me ha permitido comprobar una vez más que no estoy sólo, que ha habido hombres cien años antes que ya se planteaban de un modo intelectualmente mucho más elaborado lo que yo ahora de forma un tanto ruda siento y trato de exponer en este texto. El reconocimiento de la autoridad femenina puede no ser una solución crucial a muchos de los problemas de relación entre sexos que vivimos, o pueda ser que sea sólo una pieza en la búsqueda de la solución ante el desarraigo masculino y la violencia inherente a nuestra pérdida de sentido, pero creo que tiene una enorme significación en tanto en cuanto constituye entender que hay algo más que un simple igualitarismo, algo más allá de nosotros mismos los hombres, y supone restablecer nuestro nexo con el amor a la vida, y con la vida en el amor.
Marco Deriudecía en el seminario de Duoda de 2009 que uno de los problemas por los cuales el hombre ejerce la violencia contra la mujer es porque psicológicamente la interpreta no como "Otra" sino como una simple proyección de sí mismo, de su propia sique. 13
De ahí la terrible reacción ante el hecho que algo que es parte de uno mismo no obedezca, no reaccione según sus planes. Creo que reconocer la autoridad femenina es un paso que refuerza la existencia de la alteridad, la existencia de "Otra" y por lo tanto exige un cambio de actitud. Escuchar a las mujeres no es una propuesta de igualación que dice que también hay mujeres que dicen cosas interesantes sino que es una necesidad urgente de recuperación de nuestro saber estar en el mundo mediante cosas que sólo las mujeres saben y que seguiremos ignorando si las ignoramos a ellas ya que ningún hombre conseguirá transmitirnos ese saber jamás.
Es cierto que hay una pregunta más adelante que es la de ¿Cómo conseguir rescatar la autoridad femenina en nosotros los hombres? Creo que ahí encaja la figura de nuestras madres. ¿Cómo rescatar a nuestras madres en nosotros? En la ya difunta revista masculina Achilles Heel en una entrevista a Charlie Kreiner titulada ¿Deben los jóvenes rechazar a sus madres para convertirse en hombres?, 14 el entrevistado explica como el patriarcado marca como obligatoria la destrucción de la relación con nuestras madres en un acto dirigido a reforzarse a sí mismo. A mí me parece obvio que ya hace tiempo que ha llegado el momento de esforzarse por mantener el vínculo con nuestras madres y saber desarrollarlo en la madurez. Kreiner habla de la importancia que tiene el desarraigo con nuestras madres para que seamos capaces de convertir después en nuestros imaginarios con cierta facilidad a las mujeres en meros objetos.
Rilke vivió una relación con su madre muy difícil. Ella era una persona que no quiso adaptarse a la realidad y que fantaseó con aires aristocráticos hasta la ridiculez, en su vida era casi todo una representación, vistió a Rilke de niña hasta casi los seis años. Tal vez la cuestión no superada de su relación con la madre, junto con la creencia de que la creatividad del artista está asociada de forma inevitable a la soledad y el sufrimiento, fueron los factores que sumergieron al poeta en su no-relación, en su aislamiento y necesidad de torturarse de forma continuada. 15 Eso pienso que es lo que impidió que la abertura de Rilke y los esfuerzos de Loupor transmitirle su sabiduría femenina tuvieran un efecto suficientemente satisfactorio para que su proceso creativo fuera más feliz y saludable.
Tengo que agradecer al desarrollo de este pequeño trabajo la posibilidad de haber iniciado un camino de exploración relacionado con la necesidad de autoridad femenina en nosotros los hombres y principalmente a través de la reconstrucción de nuestro vínculo con nuestra madre. La creación artística en relación y nuestra tendencia a buscar el desarraigo cuando pretendemos crear, es otro de los elementos críticos que me parecen de mayor interés para descubrir nuevas formas de saber estar en el mundo. Comprendo que estos deseos sólo tomarán forma si puedo intercambiarlos con otros hombres que quieran discutir e intercambiar experiencias, y en ese camino estoy, dispuesto e ilusionado.





