¿Qué le pasa al cerebro cuando planificamos?  

La corteza prefrontal actúa de “simulador” para prever los resultados de las decisiones que tomamos

Cuando tenemos que tomar una decisión, a menudo pasamos tiempo pensando en ello y planificando cuál puede ser la mejor opción. Hace tiempo que se sabe que, justo en el momento de tomarla, se activa la amígdala cerebral, que es la zona encargada de generar las emociones. Esto indica que todas las elecciones que hacemos tienen siempre un alto contenido emocional, aunque valorar racional y reflexivamente las opciones disponibles incrementa la probabilidad de acabar tomando la más adecuada. Y, cuando acertamos, entra en funcionamiento el estriado, que es la estructura cerebral que nos hace sentir sensaciones de recompensa y nos permite anticipar sensaciones placenteras futuras.

Desde una perspectiva evolutiva, la facultad de planificar presenta dos aspectos interesantes. Por una parte, somos la única especie biológica capaz de planificar a largo plazo. Esto se ha observado comparando nuestro comportamiento con el de nuestros parientes vivos más cercanos, los chimpancés. Estos animales, por ejemplo, utilizan piedras para abrir nueces y comérselas. Sin embargo, aunque hayan encontrado una de medida y dureza óptima, cuando van de un árbol a otro no se la llevan, sino que la abandonan y, cuando vuelven a precisar una, buscan otra. No piensan que, más tarde, en un futuro más o menos inmediato, volverá a serles necesaria. Nosotros, en cambio, estamos constantemente valorando las consecuencias de futuro que pueden tener las acciones y las decisiones que tomamos, aunque no siempre acertemos.

Por otro lado, hay un segundo aspecto que tiene relación con la eficiencia de las elecciones tomadas. En principio, sobre una base teórica, si disponemos de mucha más información acerca de la decisión que debemos tomar, es más probable que optemos por la más adecuada. Sin embargo, el hecho de estar pensando, valorando y planificando cuál creemos que es la mejor, mantiene el cerebro ocupado y, por lo tanto, refractario a incorporar informaciones nuevas del entorno.

¿Cómo elegimos cuál es la mejor opción?

Un equipo internacional encabezado por el neuropsicólogo Marcelo Mattar y el experto en neurociencia computacional Guillaume Hennequin ha investigado qué zonas del cerebro están implicadas en estos procesos de planificación y qué ventajas implican. Según han publicado en Nature Neuroscience, cuando estamos valorando cuál es la mejor decisión ante una situación y planificando su resultado, las zonas del cerebro que tenemos más activas y que están interactuando entre ellas son la corteza prefrontal, que se encarga de los procesos reflexivos, y el hipocampo, que gestiona la memoria. Además, han visto que la capacidad de planificación incrementa cuando anticipamos los beneficios que comporta razonar bien las decisiones que tomamos.

Han realizado el experimento comparando las respuestas de personas y de ratas en un laberinto a la vez que monitoreaban su actividad cerebral, y lo han comparado con un modelo computacional. La idea es muy simple: ante cualquier cruce de un laberinto al final del cual hay una recompensa, ¿qué hacemos las personas y las ratas para encontrar la salida de manera más eficiente y rápida? Han utilizado ratas porque se sabe que son muy buenas resolviendo esta tarea y, además, los roedores son nuestros parientes evolutivos más cercanos a continuación de los primates.

Según los resultados de este estudio, en los cruces las personas pasamos un rato inquietos, pensando e imaginando cuál de los dos caminos nos parece más probable que lleve a la salida. Y, cuando tomamos uno, continuamos adelante hasta el siguiente cruce, donde repetimos el proceso. Las ratas, en cambio, casi no se paran y exploran todas las vías posibles, yendo adelante y atrás antes de decidirse. Dicho de otra manera: las personas meditamos cuál creemos que es la mejor opción sin adquirir informaciones nuevas del entorno, mientras que las ratas se dedican a buscar informaciones nuevas sin meditarlas.

El cerebro “simula” los resultados

Respecto a la actividad cerebral, las personas del experimento mostraron actividad más intensa en la corteza prefrontal. A través de procesos de reflexividad, esta zona del cerebro actúa de “simulador” para prever los resultados de las decisiones que tomamos y las acciones que emprendemos. Utiliza los recuerdos que tenemos de experiencias pasadas a través de la gestión que hace de ellos el hipocampo y vuelca estas simulaciones en la memoria para futuras ocasiones. A partir de relativamente pocas informaciones construimos conocimientos nuevos, pensando en ellos y valorándolos. En las ratas, en cambio, el hipocampo se encuentra mucho más activo, dado que va recogiendo todas las informaciones que obtiene del entorno, yendo adelante y atrás para explorar todas las posibles vías de salida, sin “simular” mentalmente las acciones que emprende.

Esta capacidad que tenemos para simular mentalmente los resultados y las consecuencias de las decisiones que tomamos nos otorga una ventaja selectiva: visualizar los resultados y, por lo tanto, poder anticiparnos a ellos. Sin embargo, hay otro aspecto interesante. Esta capacidad de planificación incrementa cuando anticipamos que, planificando bien, la recompensa final que obtendremos será mayor. Este aspecto tiene una relevancia especial en la educación, para estimular la reflexión y la capacidad de planificación de los estudiantes.

 * Traducción del artículo de David Bueno “Què li passa al cervell quan planifiquem”, publicado en el Diari Ara, el 6 de julio de 2024.

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