La OMS asegura que el consumo de drogas causa medio millón de muertos anuales

Muchos países están experimentando una crisis de emergencia sanitaria debido a las muertes por sobredosis”, según la directora de la OMS. Margaret Chan ha pedido ante la Comisión de Narcóticos que se aborde el consumo como un problema de salud pública y no con medidas penales. Irán y China contemplan castigos que pueden incluso llegar a la pena de muerte.

oms

La directora general de la Organización Mundial de la Salud, Margaret Chan, ha alertado en Viena de que las drogas causan alrededor de medio millón de muertos anuales y que, en algunos aspectos, la situación ha empeorado en los últimos años.

“La OMS estima que el consumo de drogas es responsable de alrededor de medio millón de muertes cada año. Pero esta cifra sólo representa una pequeña parte del daño causado por el problema mundial de las drogas”, dijo Chan durante su intervención ante la Comisión de Narcóticos de la ONU, que se reúne en Viena.

Esta cifra contrasta con la ofrecida por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), que el año pasado estimó que las muertes debido al consumo de drogas eran de poco más de 200.000 personas.

“En algunos aspectos, la situación está empeorando y no mejorando. Muchos países están experimentando una crisis de emergencia sanitaria debido a las muertes por sobredosis”, agregó la directora de la OMS.

Chan no dio más detalles sobre ese dato, pero un reciente informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) indicaba que en EEUU casi se duplicaron los fallecimientos por sobredosis entre 2013 y 2014, cuando en este último año se registraron más de 47.000 muertes por esa causa.

La directora de la OMS pidió ante los 53 países de la Comisión que se aborde el consumo de drogas como un problema de salud pública y no con medidas penales.

Entre los países de la Comisión se encuentran Irán y China, países con castigos severos para el consumo de drogas y el narcotráfico, que pueden incluso llegar a la pena de muerte. “Nos gustaría ver a más consumidores de drogas atendidos por el sistema sanitario en lugar de procesados por los tribunales”, pidió Chan.

“El principal objetivo del control de drogas es salvar vidas” y reducir “los daños sociales” aparejados a su consumo, recordó. “Casi todos en esta sala conocerán o sabrán de padres que tienen un hijo con problemas de drogas. Esos padres quieren que su hijo reciba un tratamiento, no lo quieren en la cárcel”, demandó.

Chan también defendió las conocidas como políticas de reducción de daños que consisten, entre otras cosas, en programas de tratamiento sustitutivo con metadona y que en países como Irán o Rusia están prohibidos. “Las políticas sobre drogas deben estar basadas en evidencias y no en emociones o ideologías”, concluyó.

Nota: artículo original publicado en http://www.20minutos.es

Informe mundial sobre las drogas 2016

El Informe Mundial sobre las Drogas 2016 se publica tras un momento histórico en la política mundial en materia de drogas, el período extraordinario de sesiones de la Asamblea General sobre el problema mundial de las drogas.

 

informe drogas mundial 2016

 

En el capítulo I se presenta un panorama general de la oferta y la demanda de opiáceos, cocaína, cannabis, estimulantes de tipo anfetamínico y nuevas sustancias psicoactivas, así como sus efectos en la salud. También se examinan los datos científicos disponibles sobre el policonsumo de drogas, la demanda de tratamiento para problemas de abuso de cannabis y la evolución de la situación en algunas partes del mundo tras haberse legalizado el consumo de cannabis con fines recreativos.

El capítulo II se centra, desde la perspectiva de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en los mecanismos de la interacción entre el problema mundial de las drogas y el desarrollo sostenible en todos sus aspectos.

Enlace al documento en pdf

Prevención universal del abuso de drogas: ¿una hipérbole?

Artículo que propone una reflexión sobre el descenso de la participación de adolescentes en edad escolar en los conocidos como programas de prevención universal, rescatado del Blog “Notas sobre drogas, salud e inclusión social” del psicólogo social Juan Carlos Melero (máster en drogodependencias por la Universidad de Deusto), quien se define a si mismo como “…-persona inquieta, medianamente culta y con una buena dosis de sensibilidad social.-…- psicólogo social inspirado por el psicoanálisis, el pensamiento sistémico y la sociología crítica. Un ecléctico, en definitiva.”

PREVENCIÓN UNIVERSAL DEL ABUSO DE DROGAS: ¿UNA HIPÉRBOLE?

Del conjunto de actuaciones que integran una política pública sobre drogas, llamamos prevención universal a aquella que se dirige al conjunto de la población, sin distingos relativos a factores de riesgo más o menos evidentes. Parte de una presunción razonable: puesto que más pronto que tarde cualquier adolescente tendrá que decidir cómo se relaciona con las drogas, mejor que decida de forma inteligente. ¿Qué quiere decir esto? Para mí inteligente quiere decir:informada, autónoma y responsable. Informada en el sentido de disponer de un saber objetivo que le permita imaginar lo que puede esperar del consumo de las sustancias habituales en su entorno, sin menospreciar los riesgos que puedan derivarse en función de variables como la edad, las mezclas, las conductas realizadas bajo los efectos de las drogas, etc. Autónoma en el sentido de que, a pesar de la relevancia del grupo a esta edad (y a otras, dependiendo de la cultura), pueda adoptar y mantener posturas personales. Responsable en el sentido al que alude el kantiano “imperativo categórico”.

¿Es universal la prevención universal?

Supongamos ahora que estamos en condiciones de medir qué porcentaje del alumnado español participa en programas de prevención universal. ¿Que es mucho suponer? De acuerdo, pero hagamos un esfuerzo de imaginación. Primero habrá que consensuar qué entendemos por “participar en un programa de prevención universal”. Quizás podríamos convenir en que se ha tomado parte en un programa de prevención si se dan, como mínimo, estas circunstancias:

  • durante al menos un curso escolar,
  • se ha participado en las actividades de corte interactivo,
  • de un programa basado en la evidencia,
  • que ha mostrado resultados positivos en evaluaciones rigurosas.

¿De acuerdo? Bien, pues ahí va la pregunta: ¿qué porcentaje del alumnado español ha participado durante el último curso escolar terminado (2014-15) en prevención universal entendida de acuerdo con los criterios señalados? A ciencia cierta, no lo sabe nadie. Veamos, por lo tanto, qué dice la última memoria publicada por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (DGPNSD) que pretende recoger datos globales. Según esta memoria, correspondiente a 2013, participaron en alguno de los “programas estructurados” de prevención (de los que la propia memoria dice que hay “más de 100”) 800.853 escolares, la cifra más baja desde 2008, año en el que la participación ascendió a 1.600.821. ¿Qué porcentaje representa este dato sobre el total? Veamos qué dice el Instituto Nacional de Estadística. Según el Ministerio de Educación, el alumnado español de educación obligatoria (Infantil, EPO y ESO) asciende a 6.616.736 personas. Por lo tanto, de acuerdo con los datos publicados por la DGPNSD, en 2013 participaron en programas de prevención universal el 12% de la población española escolarizada. Sin entrar a valorar la calidad de esa participación, sobre la que no hay datos, parece a todas luces un porcentaje escaso.

Si partimos de la premisa de que este momento de la prevención debe ser universal y en la práctica solo llega al 12%, como mucho y en condiciones cualitativamente imposibles de analizar. Si, además, quienes participan no lo hacen debido a otra razón que la motivación de los equipos técnicos responsables y el profesorado, alguna situación relacionada con las drogas vivida en el centro o la pura casualidad, el panorama no es muy alentador.

Una última pregunta: ¿esto tiene solución?

Fuente: Blog “Notas sobre drogas, salud e inclusión social” del psicólogo social Juan Carlos Melero

Drogas: la orgía lingüística

Un artículo que nos presenta uno de los temas que tratamos en el máster en forma de libro, escrito por Félix Rodríquez González.

El autor de “Diccionario de la droga: vocabulario general y argot” nos invita a un paseo que comienza por los inicios del consumo de drogas en España, descubriéndonos todo un léxico específico que engloba jerga y lenguaje técnico alrededor de éstas.

Drogas: la orgía lingüística

22 SEP 2015 

El mundo de la adquisición, consumo y disfrute de sustancias estupefacientes o embriagantes ilegales se desenvuelve en una auténtica orgía léxica. Ya sea porque su consumo comenzó en ambientes marginales o carcelarios, porque su comercio está fuera de la ley o porque los grupos que las usan usan claves para comunicarse sin ser entendidos, el caso es que hay una asombrosa proliferación de palabras que aluden a objetos, procedimientos y sensaciones relacionados con las drogas. Unas son palabras de jerga, otras son préstamos de otras lenguas, algunas son metáforas, otras juegos de palabras. Muchas han estado en uso en un periodo concreto, para nunca más volver… o reaparecer al cabo de unos años. A ello hay que sumar nombres científicos, marcas comerciales, denominaciones oficiales…

Félix Rodríquez (lingüista especializado en préstamos, y que ha compilado obras sobre otros campos minados del léxico, como unDiccionario gay-lésbico), ha reunido en esta obra más de tres mil términos. Las fuentes son variadas: prensa, obras literarias, cómics y películas que reflejan el ambiente del consumo, recopilaciones de argot, etnografías de grupos de usuarios, y por último, entrevistas personales del autor con clientes de narcosalas en grandes ciudades españolas.

La obra está precedida por un jugoso ensayo inicial que hace hincapié en la variedad de este vocabulario (que aparte de críptico muchas veces quiere ser ingenioso), y recuerda las muchas aportaciones del argot de la droga al lenguaje coloquial general (colgarse, mono, subidón…). El diccionario presenta entradas acompañadas por citas extensas, que proporcionan datos enciclopédicos y muchas veces permiten fechar usos; también tiene sinónimos y etimologías, no siempre fáciles (costo por ‘hachís’ vendría del nombre de una planta tropical, presente en latín y griego, pero ¿hay contaminación con coste?). Las últimas páginas organizan temáticamente el extenso vocabulario (por preparación, personas, efectos, lugares…).

Como ejemplo, tomaremos sólo uno de los muchos hilos que se entrecruzan en la obra, el relacionado con el hachís, que puede provenir del contrabando de un camello (si venía oculto en su cuerpo será culero); el consumidor pillará un talego, luego con el papel osábana liará el canuto (o chiri), que se compartirá circulando entre los asistentes (si alguno lo retiene olerá a uña), hasta que no quede más que la colilla o chicharra; el consumo producirá un colocón, o tal vez un ceguerón, y con mala suerte una pálida.

Este es el primer diccionario existente sobre materia lingüísticamente tan rica, y su consulta desvela áreas enteras del español coloquial y recuerda la creatividad de unos hablantes que, por necesidad o juego, han disfrazado lo que decían.

Diccionario de la droga: vocabulario general y argot. Félix Rodríquez González. Arco Libros. Madrid. 2014. LVI+564 págs.

Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/09/18/babelia/1442574810_354306.html

¿Por qué las drogas son cada vez más invisibles?

 Aquí os dejamos un articulo del profesor Domingo Comas Arnau, quien impartirá la clase del próximo viernes 12 de diciembre de 2014.

Domingo Comas Domingo Comas Arnau. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología, además de licenciado en Antropología, profesor de la UNED, activo investigador con numerosas publicaciones en los ámbitos de adicciones, centros residenciales, juventud, exclusión social y metodología de la investigación. Ha desempeñado diferentes tareas para las Administraciones Públicas y ha ejercido como supervisor de programas de intervención dirigidos a personas con dificultades extremas.

¿Por qué las drogas son cada vez más invisibles?

A lo largo de siglo XX los antropólogos han mostrado como ya en las llamadas “bandas de forrajeros” (lo que antes se llamaban “cazadores recolectores”), se adoptaba el criterio de “no hablar” de aquellas cosas que suponen un problema para el grupo. Así cuando la situación de sequía amenaza la supervivencia, el grupo se traslada hacia un nuevo pozo con agua, pero nadie mencionaba la sequía como causa del cambio de emplazamiento, sino que se trasladaban porque alguno de los ancianos varones “había tenido un sueño”. En algunos pueblos primitivos cuando aparece algún tipo de problema entre personas, está muy mal visto hablar de ello, y prefieren resolverlo mediante un “duelo de canciones”, en el que no se alude en ningún caso al conflicto, pero se le da la razón al que canta mejor. En los complicados sistemas de parentesco de Polinesia, los frecuentes casos de incesto no son nunca aludidos, porque la aplicación de la ley supondría la ejecución de los protagonistas, los cuales son acusados de otro delito o de estar locos, para alejarlos del poblado y que dejen de dar “mal ejemplo”.

Se puede pensar que esta negación de la realidad está bien, que es una forma de evitar las aristas más insoportables de la realidad y así cabeza que no sabe corazón que no siente. Quizá por este motivo, en los tiempos de la esclavitud, la casi totalidad de los ciudadanos de las sociedades esclavistas suponía que los esclavos eran felices con su condición y que la libertad era mala para ellos. Hace apenas diez años la gran mayoría de los españoles suponía que la violencia de género era algo natural de la cual era mejor no hablar. Son infinitos los habitantes del planeta que han sufrido abusos sexuales en su niñez y prefieren callarse para mantener la ilusión de una familia tipo “casa de la pradera”.

Todo esto nos permite pensar que en la sociedad lo más ignoto puede ser algo muy cercano y que todo el mundo conoce perfectamente.

En el último tercio de siglo, de las drogas se ha hablado mucho. Quizá demasiado en algunas ocasiones. Pero ahora está muy mal visto hablar de ellas. En su día se pusieron en marcha planes nacionales, autonómicos y municipales de drogas, redes asistenciales especializadas y objetivos específicos en el sistema escolar. Pero ahora una poderosa tendencia intenta hacernos olvidar que todo esto tiene que ver con las drogas. Los programas de prevención se dirigen sólo a “vulnerables”, pero ¿vulnerables ante que? Las redes asistenciales deben “normalizarse” y atender básicamente a los “problemas asociados”. ¿Pero los “problemas asociados” de quienes?.

Sin ninguna duda estas actitudes han crecido como efecto de anteriores maximalismos, a la sombra de un drogo-centrismo obsesivo y poco recomendable. En este contexto la irrupción de los programas de reducción del daño y del riesgo, así como nociones como el consumo responsable o la prevención secundaria de riesgos, nos han permitido corregir anteriores errores. Pero esto no tiene nada que ver con el intento de “hacer invisibles a las drogas”.

Aquellas organizaciones que trabajan en programas de reducción del daño distinguen muy bien ambos procesos. De una parte, se trata de evitar que los adictos sean excluidos de las acciones e intervenciones sanitarias y sociales porque deciden seguir consumiendo, impidiendo al mismo tiempo cualquier tipo de discriminación sobre los mismos. Es más, hay que poner en marcha acciones prioritarias porque su propio consumo los define como un grupo de especial riesgo. Pero por otra parte, y justamente por este motivo, hay que mantener la visibilidad del consumo. ¿Por qué desarrollamos programas de metadona, repartimos jeringuillas o formamos a agentes de salud en las prisiones? Pues porque hay adictos encarcelados que siguen consumiendo en la prisión. Podríamos negarlo, como ocurría hace unos cuantos años, pero entonces nos enfrentaríamos a altas cifras mortalidad. Si no queremos, ni podemos, enmascarar las drogas en las prisiones ¿Por qué tratamos de hacerlo en el conjunto de la sociedad?

¿Piensa alguien que por dejar de hablar del VIH/SIDA las tasa de infección van a reducirse? Nadie, todo lo contrario, todo el mundo sostiene que “el conocimiento y la información son necesarios”. Y lo mismo ocurre con cualquier problema sanitario o social ¿Imagina alguien que por dejar de hablar del fracaso escolar las tasas de idoneidad y los resultados del sistema educativo van a mejorar?

Sin embargo con las drogas ha comenzado una fase de silencio, un intento de ocultarlas. ¿Por qué? Pues creo que por la misma razón por la que durante años se oculto la violencia de género: sobre lo que no se sabe no se siente.

No se puede ocultar el SIDA porque sus consecuencias están ahí y la representación mediática de las mismas es insoslayable. Pero, de las drogas, cada vez se habla menos. De vez en cuando recibe información sobre la aprensión de un alijo y la detención de alguna banda organizada. Pero sobre los adictos, sobre el consumo, parece mejor guardar silencio porque así seremos más felices. Ante este muro de silencio la palabra sigue siendo nuestra mejor arma.

Firmado: Domingo Comas Arnau
Sociólogo, Presidente de la Fundación Atenea / Grupo GID
Publicado en Infonova nr.5 (pags 2-3) – Boletín de información de Dianova
http://www.dianova.es/

A través de lasdrogas.info, abril de 2006.

http://www.lasdrogas.info/